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| Número 30 - Año VI |
El profesor universitario
ante los retos del mundo de hoy: sus competencias laborales
Escribe:
Lic. Marlene Milagros Soriano Roque
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“El pueblo más feliz es el que tiene mejor educados a sus hijos en la instrucción del pensamiento y en la dirección de los sentimientos. Un pueblo instruido ama el trabajo y sabe sacar provecho de él” José Martí La calidad de los recursos humanos en general y del profesor universitario en particular se define fundamentalmente por la capacidad de respuestas rápidas y eficientes a las situaciones cambiantes del entorno, donde no se producen sólo cambios técnicos, sino también cambios organizativos y culturales que afectan a la economía, a la conciencia social y al mundo subjetivo del individuo. Este fenómeno plantea complejos problemas a la sociedad y a los individuos. Uno de ellos es el de las competencias laborales que se exigen de los profesionales de la educación. En las condiciones del cambio tecnológico actual la inversión en la formación, adiestramiento y capacitación de los profesores se traduce en una mayor eficiencia y calidad en todos los procesos y resultados. La calidad de la educación mide la eficiencia misma de una sociedad, sus posibilidades de existencia y desarrollo. El profesor es uno de los componentes esenciales del proceso docente educativo y en quien descansa la máxima responsabilidad de desarrollo integral de los estudiantes. Él es el recurso humano más importante, quien hace posible la misión de las Universidades. En ese sentido el presente trabajo aborda un tema de suma importancia para el profesor, pues no se puede aspirar a formar profesionales capaces, si los docentes no son conscientes de su responsabilidad y están aptos para ello. El objetivo de este artículo es ayudar al conocimiento de las características del trabajo del profesor como profesional que se ha formado sobre la base de un contexto social e histórico determinado, que posee cierta imagen de sí y paradigmas que dominan su práctica pedagógica muchas de cuyas nociones y creencias están experimentando cambios. En el trabajo se analiza la situación en que se desenvuelve la labor del profesor, se argumenta la necesidad de toma de conciencia por parte del profesorado, la institución y sus directivos de desarrollar las competencias profesionales de los docentes como una de las vías para encaminar las acciones en pos de la eficiencia y la calidad de la educación. Vivimos en un mundo culturalmente en revolución. El cambio profundo en todos los ámbitos de la vida social y cultural es el signo que identifica este tiempo. La sociedad hoy está de mudanza, es una sociedad de tránsito entre lo que era y lo que aún no es. La educación superior está comprometida con esa necesidad de cambio pero este es imposible sin en el consenso de su propia comunidad académica. De ello depende la actitud de disposición al cambio y el desarrollo de nuevas competencias para estar a su altura. Los sistemas educacionales a escala mundial, regional
y nacional están experimentando profundas transformaciones
como eco y a la vez como fuente de la revolución cient í
fico técnica que coloca al conocimiento como factor clave del
nuevo paradigma tecnoeconómico. En la Declaración de
la Conferencia Mundial sobre la educación superior en el siglo
XXI celebrada en París en 1998, se señaló: “Dado
el alcance y ritmo de las transformaciones, la sociedad cada vez tiende
más a fundarse en el conocimiento, razón de que la educación
superior y la investigación formen hoy en día parte
fundamental del desarrollo cultural, socioeconómico, y ecológicamente
sostenible de los individuos, las comunidades y las naciones” En los documentos de esta reunión se evidencian los signos que identifican el contexto mundial de la educación superior y sus tendencias fundamentales de desarrollo: El impacto de la globalización que unido a la crisis económica y social ha condicionado una preocupación creciente por los valores como parte del contenido de la enseñanza: responsabilidad, justicia, solidaridad, igualdad, paz, cooperación interuniversitaria, etc. se han convertido en determinantes de la educación. Se reconoce la necesidad de la formación integral, científico técnica y al mismo tiempo espiritual para evitar la inminente autodestrucción de la vida. La degradación general del medio ambiente ha conducido a la aparición con carácter necesario y protagónico de los programas de educación ambiental como otro eje transversal que atraviesa todos los proyectos y sistemas educativos para desarrollar una cultura de la sustentabilidad a escala nacional y planetaria. El papel del conocimiento en la producción material y espiritual de la sociedad es uno de los impactos más resonantes de la revolución tecnocientífica y ha conducido a cambios estructurales en las disciplinas científicas, la acelerada diversificación y obsolescencia de los conocimientos, que se incremente por ello la importancia de los conocimientos básicos, que surjan nuevas modalidades de enseñanza aprendizaje como la teleformación y el e-learning con el uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) En un mundo con cada vez mayores volúmenes de
información se modifica la forma de elaboración, adquisición
y transmisión de los conocimientos , lo que tiene que aprenderse
es la habilidad para procesar la información y convertirla
en conocimientos valiosos. Las universidades cuentan con el potencial
humano portador de una excelente base de conocimientos, ordenada,
dosificada, con métodos de gestión del conocimiento
y del saber hacer que posee el profesor. Para tener los mejores profesores
será fundamental “gestionar el conocimiento “ interno que tienen,
estimular la sinapsis entre las distintas “islas de conocimientos”
que tienen, y saber presentarlo al mundo. Mostrar el conocimiento
que has encontrado será la mejor estrategia de atracción.”
El profundo viraje que producen las TIC en todos los ámbitos, el impacto de un mundo globalizado y en alerta ecológica, afecta los modelos tradicionales de educación. Este contexto internacional unido a los cambios habidos en la economía y en la sociedad cubana en los años 90 luego del derrumbe de socialismo europeo, genera transformaciones en las maneras de entender y realizar el proceso de enseñanza aprendizaje y por tanto en el rol de sus dos sujetos principales: el profesor y el estudiante. Por otra parte en la propia Conferencia Mundial se reconoce el compromiso de la Universidad con las siguientes líneas de acción indicativas de las nuevas o viejas capacidades que debe desarrollar un profesor: Promover, generar y divulgar el conocimiento mediante la investigación. Difundir los valores culturales de la sociedad. Mejorar la formación del personal docente, no solo en su ciencia, sino también en el campo de la ciencias de la educación. Utilizar métodos educativos innovadores que fomenten competencias para el análisis creativo y crítico, la reflexión independiente y el trabajo en grupos. Aprovechar las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones con fines educativos. Evaluar ante todo la facultad de comprensión y las aptitudes de trabajo práctico y en grupo de los estudiantes. Entre las tendencias que hoy se observan en el desarrollo de la educación están: Democratización de la enseñanza. Cambia la relación autoritaria del profesor hacia el alumno. Integración de la universidad con la vida de la comunidad. Crece la importancia de la extensión universitaria. Establecimiento de relaciones estrechas entre educación y desarrollo. Estudio y trabajo simultáneo, educación para toda la vida. Aumenta la importancia de los estudios de postgrado. El modelo educativo que se abre paso se caracteriza por los siguientes rasgos: Propiciar en el alumno la responsabilidad por su propio
aprendizaje, y el compromiso con su entorno asumiendo un rol protagónico,
participativo y una actitud colaborativa y autónoma, reflexiva
y crítica en el proceso. “..Se deberían establecer directrices
claras sobre los docentes, que deberían ocuparse sobre todo,
hoy en día, de enseñar a sus alumnos a aprender y a
tomar iniciativas, y no a ser, únicamente, pozos de ciencia.”
Potenciar en el profesor dos funciones básicas: las de dirección y planeamiento estratégico de su actividad, colocándose en la condición de líder del proceso, capaz de prever lo que sucederá y tomar decisiones en condiciones de conflictos e incertidumbre, frente al tipo de estudiante que se ha descrito y a los avances del conocimiento. la de facilitador, guía del alumno en el proceso de aprendizaje, colocándose en la condición de un comunicador con todas las relaciones cognitivas, afectivas y valorativas que la comunicación educativa comporta, y no un simple transmisor de conocimientos. Ya se vive la emergencia del nuevo rol del profesor
ante los cambios de paradigmas en la formación profesional:
“Cada día más se siente la necesidad de adaptar nuestras
universidades a los parámetros internacionales que van emergiendo
como criterios de calidad de la educación superior, en tanto
el mundo intercomunicado y globalizado en que vivimos nos confronta
y nos reta”. Con el cambio en marcha del paradigma técnico –económico,
aparece una nueva noción de eficiencia basada en que tanto
la organización (empresa o universidad) como los individuos
desarrollen tanto capacidades de integración sistémica
como capacidades relacionales y comunicacionales El término de competencias profesionales lo usamos no por
simple moda, sino porque se ajusta al sentido que tiene como capacidades
o aptitudes que le proporcionan idoneidad y excelencia en su desempeño
a un profesional como el profesor. Las competencias profesionales
son aquí entendidas como la “adecuada integración de
habilidades, conocimientos, disposiciones, etc., que posibiliten,
por el grado de perfeccionamiento logrado, la elaboración de
respuestas eficaces ante situaciones que lo requieren” En el ámbito universitario a la luz de estas nuevas condiciones, el profesor adquiere un nuevo lugar y sentido: las relaciones interpersonales con colegas , directivos y estudiantes, el papel del colectivo laboral, la organización y el trabajo ahora so tenidas en cuenta como variables fundamentales y decisivas en la evaluación y análisis de la eficiencia del trabajo, lo mismo en la actividad docente, investigativa o extensionista, guiados no por criterios de la racionalidad instrumental propios de la organización taylorista, sino por otros enfoque más personalizados y humanistas. Es por esta razón que las necesidades y motivaciones de los profesores, los valores y actitudes de todo tipo, que conforman el lado subjetivo de su actividad alcanzan mayor relevancia. La comunicación educativa desde la óptica del modelo educativo centrado en el proceso significa una relación entre interlocutores en estado de reciprocidad, o sea, es dialógica, participativa, bidireccional. La competencia comunicativa se entiende, al decir de la Dra. Ana M. Fernández como la orientación psicológica favorable a la relación humana, y al dominio de un saber científico, de habilidades y procedimientos que faciliten la eficiencia en el proceso de comunicación interpersonal. Esta orientación a la acción no depende sólo de los conocimientos y habilidades sino también de los valores, motivaciones, necesidades que regulan la actividad de cada persona. El objetivo principal de la Educación Superior es mejorar la calidad de todos sus procesos y entre los indicadores más importantes a través de los cuales esta se mide, está la calidad de los egresados y del claustro. Aquí se destaca la importancia social del profesor universitario en el curso que puedan seguir los procesos en marcha. La calidad de la Educación no es un problema solo de ella, sino que determina la eficiencia y eficacia misma de nuestra sociedad, sus posibilidades de existencia y desarrollo, por ello se podría afirmar que, la actualidad y necesidad de abordar el tema del profesor universitario se expresa en el hecho de ser el profesorado un factor decisivo en la misión de alcanzar la calidad y un mayor desarrollo del potencial humano que necesita nuestra educación superior para satisfacer las demandas sociales. No se puede hablar de calidad en la educación sin contar ante todo con el profesor. En la Cuba de los años 90 y en la actualidad se han producido un conjunto de transformaciones en todas las esferas de la sociedad, y la educación no es ajena a ello. La universidad cubana se encuentra en un obligado proceso de cambios dirigidos al perfeccionamiento educacional, ello supone modificaciones sustanciales en las concepciones del proceso docente – educativo, y al formar parte del replanteamiento que se da hoy en la esfera de la producción en busca de la eficiencia, exigen un mayor esfuerzo de directivos, profesores, estudiantes y trabajadores. La calidad de la educación es resultado del diseño reflexivo, crítico y creativo de estrategias de desarrollo y su aplicación sistemática a todos los componentes del proceso docente educativo y en especial a sus actores, que deberán sufrir modificaciones más o menos profundas, en dependencia del nivel de adecuación, en sus creencias, valores y prácticas cotidianas. Los cambios que vivimos exigen para la universidad y sus profesores una actitud que promueva el diálogo con otros sectores de la sociedad y una conducta innovadora y flexible como agentes del progreso. Frente a las tendencias pragmáticas y economicistas que tratan de ver a las universidades y sus profesores como un negocio más, se alza la concepción filosófica de una educación que haga el énfasis en los valores, es decir en la necesidad de educar al profesional apuntando hacia su redimensionamiento humano; se trata de la crítica al pensamiento dominante, que ve como natural y eterno un tipo de hombre, “racional”, capaz de dominar la naturaleza con ayuda del conocimiento para así tener poder y dominio sobre los otros hombres. Las implicaciones de esta filosofía se están viviendo hoy, de ahí nace la exigencia de un cambio radical y con ello el tránsito de la cultura de la exclusión y el poder a una cultura que siente las bases de una educación para la liberación, una cultura de la resistencia y la transformación de las realidades de dominación existentes como resultado de la mundialización del sistema capitalista. Estructurar y definir el fundamento filosófico de una educación en valores exige subvertir los paradigmas educativos existentes y promover el de una educación para la resistencia y transformación de las realidades, resultantes del sistema capitalista. La construcción de ese nuevo paradigma conduce a un cambio socio- cultural radical que proyecta un mundo más humano donde impere, a diferencia del mundo actual, la justicia social y la libertad para todos. Esta perspectiva del cambio cultural total no es ajena a las tradiciones del pensamiento filosófico, político y pedagógico cubano, no es casual que hombres como Varela, Luz Caballero y Martí hayan sido los pioneros de esa tradición de casi dos siglos en que las ideas y renovaciones pedagógicas más revolucionarias estuvieron inspiradas y muy ligadas a los ideales más avanzados de su tiempo y respondieron siempre a los intereses de su sociedad. Ese pensamiento pedagógico de profunda raíz patriótica y humanista hace posible e inspira la revolución educacional y cultural que tiene lugar en la etapa actual de la Revolución Cubana, ella tiene su base en el pensamiento martiano, marxista y fidelista que promueve un proyecto de justicia social y de libertad como alternativa al poder alienante del Capital. Es consustancial a este proyecto la idea de la integralidad del ser humano, como su finalidad misma, al liberar al hombre de la enajenación que es sinónimo de unilateralidad, de pérdida de su universalidad y de su esencia social. Para Martí la educación y el maestro tienen un fin “hacer feliz y libres a los hombres” y la cultura es el único modo de conquistar la libertad. La educación es portadora de valores que deben servir a ese proyecto emancipador. En el caso de una institución que tiene a su cargo la formación de ingenieros y arquitectos, educar valores puede un profesor de la CUJAE, si comprende, conoce y siente la especificidad de su misión en la formación socio-humanista del profesional de las ciencias técnicas, misión que tiene el sentido de crear una cultura de y para la tecnología apropiada, portadora de los valores y actitudes profesionales específicos de un futuro ingeniero o arquitecto. El poder distinguir el papel fundamental del profesor en el desarrollo de la personalidad de sus educandos, en la formación de esos valores y actitudes, no como algo adicional o externo a su preparación intelectual, científico y técnica significa ya un paso de avance en el desarrollo de esa cultura. En este sentido surge la pregunta asociada a la calidad del profesor: ¿Qué cualidades debe tener el profesor de esta institución para crear una cultura de la tecnología apropiada en sus estudiantes?. ¿Existe un modelo explícito, consensual y compartido por la mayoría de los docentes, que recoja las características deseadas? Una de las primeras respuestas que se encuentra es la necesidad de precisar las características del modelo de profesor existente a partir de los documentos normativos que emite el MES, con ello se podría a la vez evaluarse el estado real del claustro y la necesidad de su desarrollo integral, para cumplir con calidad sus funciones sociales. Por otra parte, es necesario un modelo explícito, y compartido por la mayoría de los docentes, que recoja los valores o cualidades esenciales de un profesor de esta institución porque está claro que el modelo ideal o teórico de profesor que el MES y esta institución conciben, no siempre coincide con el profesor real, tanto con lo que él piensa que es el modelo, o sea, sus concepciones que incluyen las creencias, opiniones, su imagen al respecto, como con sus prácticas cotidianas y el modelo o anti-modelo, que de hecho es, con sus virtudes y defectos, sus aspiraciones de todo tipo, sus éxitos y fracasos. Aquí se impone abordar los fundamentales conceptos que estamos manejando: modelo, calidad e integralidad del profesor muy ligada a la calidad de la educación superior. La noción de modelo descansa en la idea de que existe cierto conjunto de indicadores o características que son buenas y aceptadas para todos y siempre, algo parecido a la idea de patrón (metro) o de “núcleo duro” de las ciencias. Se sabe que en el caso del profesor tal modelo, como patrón fijo no existe en la realidad, dada la singularidad y riqueza de los profesores reales. Un modelo no es un esquema o un patrón cerrado que pretenda imponerse a la realidad, y al que deban los profesores subordinarse, sino por el contrario, el modelo de profesor se deriva de ella, del quehacer cotidiano y de las metas más trascendentales que perseguimos en nuestra sociedad. Es partiendo del análisis de la realidad del profesor, de lo que él o ella es, que se puede: Determinar cuán alejados o cercanos estamos del ideal. Buscar las vías para la transformación creadora de los estados no deseables hacia los deseados. Pensamos que el modelo es una especie de utopía realizable sin la cual no podría avanzarse en la transformación creadora de la labor docente educativa, con un sentido heurístico. Significa establecer el grado de correspondencia entre un modelo teórico que parta de conocer la realidad existente para ir hacia una realidad superior; ello exige captar el ser con la mayor riqueza y diversidad posible para contrastarlo con el deber ser ; entre ambos hay una relación contradictoria como la que existe entre el objeto y su concepto, ese tipo de relación torna más complejo el asunto de construir tal modelo en el plano conceptual primero y en el de su realización práctica, luego de asumido. Por eso el planteamiento del modelo y su relación con la realidad debe ser por tanteos y de forma holística pues alrededor de este problema se originan muchas dudas y contradicciones entre el ser y el deber ser, que pasan necesariamente por el querer ser del profesor para que éste se convierta en el profesional de las ciencias pedagógicas, necesario en la actualidad. No se puede lograr el objetivo de formar ingenieros y arquitectos integrales, si los docentes no están dispuestos y preparados psíquica, intelectual y moralmente para ello. El factor de lo consciente desempeña aquí como en cualquier obra humana un papel decisivo. El ministro de Educación Superior, Dr. Fernando Vecino Alegret al abordar este tema se refiere a los retos del profesor universitario de hoy para atender en forma sistémica todos los elementos que incluye su actividad profesional: sociales, culturales, ambientales, ideológicos, económicos y administrativos para lograr el objetivo esencial de desarrollar valores en sus estudiantes de acuerdo al modelo social y las exigencias de su constante perfeccionamiento. Se destaca como la comunidad académica debe desempeñarse en dos direcciones fundamentales: Asumir los principales cambios que en la esfera de la ciencia y la técnica ocurren a ritmos acelerados, con una visión humanista. Desarrollar una educación que promueva,
a partir de las disciplinas, una concepción integral que genere
capacidades para la interrelación con los cambiantes procesos
del entorno internacional y de las necesidades surgidas del país”
Es por eso que cuando se habla de calidad se piensa en un concepto que recoge la excelencia del claustro, los egresados y todos los procesos en que participan alumnos y profesores, desde el aula hasta la comunidad pero dando a la formación profesional el rango de función. La calidad de todos esos procesos se basa en la consolidación de un claustro de alta dedicación, que sus clases sean actualizadas, problémicas y vinculadas a la realidad nacional y a los adelantos científicos, que produzcan no sólo la asimilación del conocimiento sino también la apropiación de habilidades y conductas profesionales. Entre estas últimas se destacan, en el mundo de hoy, la capacidad de búsqueda del nuevo y el mejor conocimiento, o sea, las de investigación. Al trabajo del profesor le es inherente la investigación y los estudiantes deben participar en ella. Los nuevos tiempos exigen del profesor un mayor liderazgo en el proceso
educativo entendido este como la capacidad de articular, conceptualizar,
crear y promover espacios y posibilidades para un cambio crítico
y efectivo de las condiciones que inhiben el mejoramiento de la educación
de todos y para todos. Sin embargo no existe aún suficiente conciencia de las funciones fundamentales del docente y cuál debe ser el espíritu que aliente su trabajo, así por ejemplo, encontramos en ocasiones un divorcio entre la docencia y la investigación, hay profesores que carecen del hábito de investigar. Es incuestionable la necesidad de erradicar tal situación que empobrece y resta calidad a la universidad, habrá que diseñar estrategias de trabajo para superar esa separación. Por otro lado existe la tendencia contraria, igualmente dañina y errónea de poner en último plano la docencia y no ver la investigación en función del desarrollo de las restantes actividades del profesor. La calidad tiene diferentes significados cuando se habla
de calidad como excelencia, se refiere a los altos niveles de entrada
y de salida: la universidad que tiene los mejores estudiantes y profesores,
los mejores recursos tecnológicos y físicos es de excelencia
y graduará profesionales de alta calidad y su alta reputación
atraerá a los mejores profesores y estudiantes. Así
la salida refuerza la entrad y viceversa. La excelencia puede ser
definida como “hacer bien las cosas adecuadas” El paradigma clásico o tradicional de la universidad
habla de mejora de la calidad para satisfacer las demandas del mercado;
la nueva visión habla de mejorar la calidad de la educación
para crear nuevas ofertas de mercado (innovación, ciencia y
tecnología) . En la década de los noventa, se retoman
los criterios cuantitativos que relacionan costos - beneficios, eficiencia
y productividad, bajo el auge de la economía de mercado que
trae consigo el neoliberalismo. Se abre paso la tendencia desde entonces,
a medir la calidad de las universidades por la actividad de postgrado,
al considerarlas “centros de capacitación de profesionales
de alto nivel y de producción de conocimientos y tecnologías
esenciales para mantener el ritmo de desarrollo económico”
También se enfoca la calidad como logro de un propósito, en este caso estará dada por la medida en que el producto o servicio satisface a la demanda social de un egresado integral, o sea su funcionalidad El profesor, además de instruir a los futuros
profesionales transmitiéndoles el conocimiento más avanzado
de su época, debe ser un investigador, un profesional de las
ciencias pedagógicas, es decir, un educador por excelencia,
quien ha de especializarse y desarrollar sus competencias laborales
en el proceso docente- educativo que no se limita a lo instructivo
sino que abarca lo educativo y capacitivo, como tres procesos, cada
uno con su propio fin pero integrados en uno solo Si se observa el proceso educativo desde el ángulo de sus tres componentes académicas: docente, investigativa y extensionista en todas ellas se manifiesta la calidad de la integralidad cuando se forman valores y actitudes, conocimientos y habilidades profesionales. El modelo de profesor propuesto tiene, por eso, tres dimensiones: docente, investigativa, extensión, cada una contribuye a las otras y actúan como un todo, brindando una imagen estructural y jerárquica del modelo de profesor para la formación integral de ingenieros y arquitectos. El profesor universitario es por tanto uno de los sujetos claves para hacer realidad el objetivo de lograr la calidad del egresado al ser un factor esencial del proceso de desarrollo integral de los estudiantes. Lo anterior se afianza con el hecho de que el profesor es el recurso humano “duradero o permanente”, más importante conque cuenta la Universidad, para hacer posible su razón de ser o misión en Cuba, formar al estudiante como un ser revolucionario, un intelectual orgánico, capaz de poner todo su talento, conocimientos, y valores al servicio de la vida de la Sociedad y de la Naturaleza. Ello explica la necesidad de motivar los esfuerzos de los profesores y su conciencia de la necesidad de formar de un profesional de calidad superior o integral. Para que este objetivo fundamental de la calidad e integralidad del profesional que se forma no sea la mera declaración de una aspiración, el propio profesor ha de ser portador de esos atributos, que él sabe y debe querer formar. Ello plantea la necesidad de investigar el trabajo del profesor en las tres dimensiones propuestas, al menos en dos direcciones básicas, interactuantes: Una de orden subjetivo: el desarrollo de su conciencia del problema educativo al que se enfrenta así como los rasgos de su personalidad que lo preparan para enfrentarlo: conocimientos, intereses, motivación, estrategias, comportamientos, etc. Otra de carácter objetivo: la existencia de condiciones de trabajo y de vida para el profesor que estimulen y hagan posible su permanencia y buen desempeño en su trabajo. Es decir, el objetivo de lograr la integralidad del profesor se deriva del objetivo de la integralidad del estudiante y la calidad de todos los procesos en que está participando durante sus años de formación básica y luego en el cuarto nivel o formación postgraduada, que tiende a crecer en importancia, no sólo para el estudiante de esos cursos sino también para el profesor. Ello como ya se planteó es uno de los impactos de la actual revolución científico técnica en al educación. En ocasiones se observan actitudes de resistencia o rechazo al término de “integralidad” o los cambios que se invocan en nombre suyo, Está claro que es de primera importancia hacer conciencia sobre un problema como este de la integralidad y el modelo de profesor que la representa, para que éste lo asuman como suyo de forma plena y consciente. Pero además, cuenten con las condiciones en el orden material y espiritual para emprender la tarea de formación de un profesional de calidad superior o integral. Todo lo anterior no excluye sino que supone estudiar a fondo las causas de la movilidad laboral del profesorado, que visiblemente está asociada a factores como el reconocimiento social tanto material como espiritual, aunque de seguro no se limita a ello. El trabajo del profesor no se puede reducir nunca, y menos hoy, a la enseñanza, sino que incluye la educación y la investigación para el perfeccionamiento continuo del saber , el enseñar y el aprender el nuevo saber, buscando siempre el vínculo con la sociedad, la industria, la práctica. El profesor en tanto ciudadano ha de tener una participación activa en los asuntos de su comunidad, hacia la cual debe proyectar su acción y la de sus alumnos. Lo anterior explica el grado de complejidad de las funciones del profesor universitario. Esa integralidad y complejidad de su trabajo, es el mejor modelo o ejemplo por medio del cual educa a sus estudiantes y nos permite entender los tres funciones básicas de su labor que constituyen un sistema:
A estos tres momentos en que se externaliza y toma forma el trabajo del docente, le son inherentes, como su esencia y contenido el esfuerzo constante para desarrollar de manera equilibrada sus conocimientos y su mundo afectivo en el roce diario con los sentimientos, muchas veces contradictorios en que se ve envuelto por sus relaciones de trabajo. También en estos tres momentos se forman a la par conocimiento, habilidades y valores. Se acepta por la comunidad de investigadores en estas materias que el proceso docente educativo rebasa los límites del aprendizaje cognitivo y se dirige a enfatizar en el aprendizaje significativo, interactivo, dialógico. Todo ello supone en el profesor universitario cualidades fundamentales en el orden científico, pedagógico e ideológico-valorativo, cualidades enfocadas a las direcciones básicas de trabajo del profesor. Pero para que estas características esenciales, que debe tener el profesor se potencien y desplieguen es necesario que el papel que tradicionalmente han desempeñado los dos sujetos del proceso de enseñanza – aprendizaje se revolucione. En el proceso socio-histórico de enseñanza aprendizaje, debe ser visto integralmente el rol del profesor y del alumno, ambos constituyen una unidad de contrarios, en ese proceso lo racional y lo emocional, lo cognitivo y lo afectivo se deben complementar, la búsqueda de la verdad y la formación de valores deben ser una unidad inseparable, estos son aspectos inherentes al proceso de enseñanza aprendizaje que lo hacen sumamente complejo y rico en determinaciones. Una de las implicaciones que se deriva de esta visión integral para quienes desean el desarrollo del claustro y para el propio profesor es comprender que la realidad donde se realiza el profesor no es estática pero tampoco inestable, no es fragmentada pero tampoco homogénea o indiferenciada, eso si, es altamente compleja. En una institución de educación superior como el ISPJAE, donde el mayor porciento de su claustro lo forman los propios ingenieros y arquitectos, egresados de este centro, sin ninguna formación pedagógica en su currículum de estudios de pregrado, la mayor parte de las veces sus funciones de profesor las desempeña guiado por el empirismo, el ejemplo de los profesores que tuvo durante su vida como estudiante y su intuición. Eso justifica la necesidad del conocimiento, investigación y capacitación de los docentes en otra nueva profesión: la de ser profesor. El concepto de “modelo de profesor” guarda cierta analogía con el de “modelo del profesional” que como se sabe es expresión del encargo social hecho a la educación superior, concretado por el trabajo del profesor. Él es el artífice principal de la formación del alumno. Sin embargo, ¿es el profesor un buen modelo y un buen modelador si apenas tiene una noción difusa del contenido altamente complejo del acto de formar, transformar y comunicar que encierra el quehacer pedagógico? La cuestión surge por el hecho real de que la inmensa mayoría de este claustro lo forman ingenieros, arquitectos, así como licenciados en ciencias naturales, exactas y sociales que en su preparación profesional inicial no recibieron ni al menos los rudimentos de la pedagogía y en su superación posgraduada, por estar en un centro de educación, a lo sumo tienen en su curriculum un curso de postgrado de Pedagogía básica o han realizado alguna que otra investigación en este campo. No se trata de cuán más o menos integrales son los profesores del ISPJAE. El punto de partida es considerar a los profesores como personas cada una con su mundo interno, sus experiencias que hacen necesario analizar las condiciones objetivas - subjetivas de la vida del profesor con el fin de proyectarnos hacia una realidad superada, criticándonos positivamente. Cuando hoy se plantea con fuerza la necesidad de crear un modelo de profesor universitario, se busca con ello crear una base que sirva de guía a las necesidades de formación y capacitación del claustro, integrándose la actividad docente, investigativa y extensionista como una de las vías principales para la superación de la calidad del profesor, enfrentado a un cambio profundo de su rol tradicional que exige de un mayor profesionalismo. Lo anterior no se disocia de la formación humanista de los profesionales de la educación, en ella se establecen los componentes políticos, morales y axiológicos en general de un profesor en una sociedad socialista como la cubana en el siglo XXI, que debe atender a las exigencias de los cambios de la educación superior en las condiciones nacionales y del mundo. La integralidad de la personalidad del profesor, significa la integración
de las cualidades personales y profesionales del profesor, que propicien
el logro óptimo de su desempeño profesional en la labor
educativa de niños y jóvenes, así como la conducción
de una actitud ejemplar ante la sociedad en que vive. Todo apunta a la necesidad de avanzar en la preparación del claustro para la formación integral de los estudiantes de lo cual se deriva reforzar la labor educativa en el sentido de la formación de valores desde lo curricular, y en todos los espacios de la vida universitaria, a tal fin va dirigido la elaboración de los Proyectos Educativos con un papel protagónico de los estudiantes y profesores, en cada grupo y cada año académico. En esta dirección de trabajo se han obtenido importantes resultados, no obstante todavía queda mucho por hacer, para lograr que los alumnos y profesores hagan suyo realmente ese estilo de trabajo, y no lo sientan como algo extra, que viene a recargar con trabajo adicional el ya bastante lleno tiempo-espacio del profesor. Se trata de imprimirle un nuevo sentido, más orientado hacia lo axiológico y humanista a todo el quehacer universitario. El desarrollo integral de los estudiantes lo realiza, ante todo, el profesor, por ser ejemplo. Toda labor educativa es profundamente formadora y transformadora porque está basada en conocimientos, en valores, creencias, actitudes, sentimientos que conforman en su totalidad la estructura de la personalidad del docente, que se entrega y reproduce cada día de trabajo. El profesor no va al aula provisto sólo con sus conocimientos, sino con ciertos comportamientos y actitudes que sirven de ejemplo: qué dice y cómo lo dice, qué hace y cómo lo hace, lo que es en definitiva manifestación de su ser y pensar como persona. De lo anterior emana la necesidad de la conciencia del profesor universitario de cual es su lugar y rol en el proceso docente educativo, que de ningún modo puede limitarse a transmitir conocimientos y a desarrollar habilidades intelectuales y prácticas, sino que junto a esto tiene que contribuir a la formación de una persona digna, libre, respetuosa de las leyes, amante de la vida, la naturaleza y la verdad, etc. Si con su trabajo el docente no transmite, inspira y forma estos y otros valores en sus alumnos estará sólo enseñando y adiestrando pero no “preparándolos para la vida”, es decir formándolos integralmente. Toda educación está inspirada en determinado modelo de ser humano que se quiere formar. El modelo es una construcción ideal, anticipada del objeto que deseamos exista en la realidad para satisfacer fines cognoscitivos o prácticos. También es o puede ser en determinadas condiciones, la reproducción ideal de las características esenciales de un fenómeno estudiado. De este último caso se trata, del modelo de un profesional que existe realmente, el profesor, un especialista en el desempeño de cierto trabajo para el que reúne: conocimientos, habilidades, valores y actitudes o comportamientos adecuados por ello se considera un profesional con dos profesiones: la de la especialidad inicial en que se formó y la de las ciencias pedagógicas, que generalmente adquiere por la experiencia. Aunque este proceso ha operado de manera inconsciente o espontánea, casi siempre y en la mayor parte de los excelentes profesores con que se cuenta, ello no significa que pueda seguir siendo así. Las exigencias de hoy apuntan hacia la profesionalidad del docente en materias pedagógicas. Conclusiones La formación integral del profesor como del alumno es un proceso de educación sistémico, que abarca las diferentes dimensiones o esferas de la actividad docente educativa y si se quiere ser realmente eficaz y eficiente, deberá atendérsele con los requisitos que forman parte de sus posibilidades de acción creativa, crítica, reflexiva, etc., en correspondencia con las exigencias del modelo educativo que se va dibujando. La educación superior entendida como un proceso de formación y desarrollo de jóvenes profesionales, en nuestro caso de ingenieros y arquitectos, le otorga al profesor una importantísima responsabilidad social que le hace estar comprometido no sólo con el avance y el destino del saber superior del hacer profesional, sino, sobre todas las cosas con el destino del propio hombre, el cual es inseparable del destino de la sociedad y de la naturaleza. De lo anterior emana la necesidad de la conciencia del profesor de cual es su rol en el proceso docente educativo que de ningún modo se limita a transmitir conocimientos y a desarrollar habilidades intelectuales y prácticas, sino que junto a esto tiene que contribuir a la formación de una persona digna, libre, respetuosa, amante de la vida, la naturaleza, la verdad, entre otros valores esenciales. Las competencias de integración sistémica, relacionales y comunicativas, aparecen como nuevas competencias sin las cuales no puede ser un profesor integral. Bibliografía: Alvarez de Zayas, Carlos M. 1998: La pedagogía como ciencia. Editorial Felix Varela, La Habana. 1999 : La escuela en la vida. 3ra edición aumentada y corregida,Editorial Pueblo y Educación, La Habana. 1996: Hacia una escuela de la excelencia. Editorial Academia, La Habana. Castellanos, B.1996.
La investigación en el campo de la educación: retos
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