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| Número 30 - Año VI |
El ocaso de la transformación educativaEscribe: Patrick Boulet
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Hoy cuando el hambre golpea a la mayoría de los argentinos parece casi extemporáneo reflexionar sobre que hemos hecho y que haremos con la educación de niños y jóvenes. Sin embargo si observamos que este sector se lleva la parte del león en los presupuestos provinciales, al tiempo que puede generar (o dejar de hacerlo) un fuerte impacto estratégico en el cambio de las condiciones de vida a mediano plazo, es que creemos que cobra importancia este debate. Repasando nuestra historia reciente veremos que la década del 90 instaló entre otras “verdades sagradas”, la necesidad de la transformación educativa. El marco legal de una nueva ley de general de Educación, que reemplazara a la de la generación del 80, daba pie a una reforma política y curricular de todos los niveles educativos, exceptuando a la Universidad que por su autonomía siempre ha mirado de lejos (y de arriba) al resto de la educación. Aquella del siglo pasado la ley Laines y sus complementos respecto a la enseñanza media, habían cristalizado en la escuela el proyecto de la Argentina agroexportadora, de la misma forma la transformación educativa de nuestro tiempo cristalizaba el proyecto político neoconservador y excluyente que llevara adelante el gobierno de Carlos Menem y continúa hoy a pesar de su ostensible fracaso. En su inicio la transformación despertó ciertas expectativas progresistas, la intervención del sector gremial en los primeros pasos de la Ley Federal, fogoneado por la conducción dela CETERA en ese momento en manos de la prof. Mary Sánchez , la inclusión de ciertos pedagogos de corte progresista en otra época, tal es el caso de Tedesco, Braslavky ente otros, y la profusa, aunque descontextualizada, bibliografía de los pedagogos españoles cercanos a las ideas de “escuela nueva” . Prontamente las expectativas progresistas se diluyeron y la transformación educativa quedó como lo que era en su escencia, el proyecto de la hegemonía neoconservadora y de los organismos de crédito internacional, que aportaron en su inicio importante sumas las que engrosaron la ya cuantiosa deuda externa argentina. Intentaremos compartir algunos puntos en un siempre provisorio balance de este proceso ,aún en ejecución, y en base a ello demostrar nuestra hipótesis de fracaso de la transformación, inmersa en el fracaso del proyecto neoconservador en la Argentina. En todo el país crecieron los índices de inclusión y retención de alumnos esencialmente en la EGB. Este dato que a primera vista es indiscutiblemte positivo tiene también sus puntos oscuros. La retención se hizo a partir de una fuerte presión a los docentes para dar la promoción “automática” y en base a convertir a la escuela en el lugar de contención social y alimenticia. Hoy en nuestra provincia sobran los ejemplos. El fracaso en el aprendizaje de la lecto-escritura , los fundamentos de la matemática y la información sobre el mundo social, natural y artificial es indudable y se refleja en cada una de las mediciones que los gobiernos nacionales y provinciales realizan. La pauperización de los sueldos docentes, primero gradual hoy galopante, impide realizar cualquier intento serio de transformación. En este punto es sorprendente la hipocresía de las clases dominantes y sus intelectuales. Algunos de ellos, como Tedesco, hacen elipses verbales para no abordar el tema “lo importante no es cuanto sino como se paga” , “hay que ver calidad y retribución”, etc. Todo estas ambigüedades encubren las verdaderos causas de los pobrísimos sueldos docentes, que no tiene que ver con que estos trabajen bien o mal. El sustento de esto tiene que ver con la casi ridícula inversión educativa de nuestro país, aún mucho menor del ya escaso porcentaje fijado por la Ley Federal. El punto anterior y el sostenimiento de toda la educación pública lleva al tema de las prioridades presupuestaria. Bajo el lema de “no hay plata” se instrumentan presupuestos educativos miserables, por ejemplo en relación con los regalos que se hacen en redescuentos a los bancos o en la pesificación de las deudas en dólares. El siempre explicito Ricardo Lopez Murphy lo suele decir “ este país debe elegir entre mantener este aparato estatal o mantener su sistema financiero”. Traduzcamos o mantenemos escuelas, hospitales y asistencia social o le seguimos dando redescuentos o pesificaciones a los bancos privados para que lo saquen al exterior. Sería bueno hacer una consulta pública sobre este tema. El sistema de formación y actualización de docentes conocido como Red Federal de Formación Docente Continua, discontinuado por la gestión radical, nunca fue evaluada seriamente y se movió siempre entre sospechas de corrupción respecto a quienes el estado nacional o los estados provinciales abonaban sus cursos. Hoy está por lo menos en duda su efecto en las prácticas concretas de los docentes. La incorporación de equipamientos (algunos de alto costo como los informáticos) y libros en proyectos como Plan Social o Prodimes entre otros no se realizaron con una adecuada planificación, control y mantenimiento lo que llevó a que muchos de ellos se encuentren subutilizados o directamente sin uso por falta de mantenimiento como en caso de los recursos informáticos. El aprendizaje y la evaluación por ciclos impulsado en el inicio de la reforma fue prontamente dejado de lado para continuar con la clásica promoción por año. Los mismos ciclos se desdibujaron prontamente, tan es así que ene nuestra provincia conviven diferentes divisiones en ciclos entre la juridicción provincial de gestión pública, esta de gestión privada y la universidad. En la gran mayoría de los casos los dos últimos años de la EGB3 se plegaron al polimodal para continuar la vieja secundaria y el primer año se plegó a la EGB2 para mantener la vieja primaria. Seguramente esta lista es incompleta y que se podrían pensar algunos puntos más que afirman o rebaten nuestra hipótesis, aún así insistimos en la necesidad de debatir los resultados de la reforma neoconservadora al menos en dos sentidos: El primero para establecer las responsabilidades de aquellos a quienes les tocó implementar estas política y hoy guardan silencio, y el segundo para mirar al futuro desde otros lugares de verdadera transformación de la educación.
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