Analizar determinadas prácticas o usos institucionales en el
marco de las culturas escolares, induce a observar, indagar y reflexionar
sobre determinados rasgos o aspectos que constituyen importantes manifestaciones
de las mismas, configurando sólidos componentes que, por causas
desconocidas o tal vez no, tienen un obstinado asidero.
Sólo es posible comprender el presente, inquiriendo el pasado, su génesis o raíces que lo engendran, lo cual no implica hacer una lectura histórica simplista del mismo, con fines eruditos, sino elaborar una suerte de mapeo sobre cómo se gestaron, condiciones que generan un determinado presente y lo más insólito, es llegar posiblemente a transparentar, que esas condiciones pretéritas, que respondían a necesidades de un determinado contexto político, social, histórico y cultural, prosiguen subsistiendo en ese presente, con fuerza inmutable, a pesar de tratarse de un marco o concierto totalmente diferente el que las contiene.
Las culturas institucionales están constituidas por un conjunto de rasgos que caracterizan un determinado modo de vida, que se manifiesta o concretiza en un particular modo de actuar, de pensar, de crear diversos objetos o producciones que se van transmitiendo a las nuevas generaciones y renovando con ellas a medida que se van incorporando a la organización. Por ello la cultura debe concebirse como un proceso constante, que posee movimiento propio, cambiante, que jamás se cristaliza como un todo acabado, sólo que ciertos rasgos de la misma, vinculados a usos o costumbres, por causas tal vez ignoradas, se mantienen y conserva como encriptados dentro de ella, sin saber por qué, ni tan siquiera los actores que conviven cotidianamente en su seno.
Teniendo en cuenta la perspectiva simbólica, generada por la antropología, la cultura está conformada por sus usos, costumbres, prácticas, que tiene un carácter alegórico, por cuanto están cargados de significados, sentidos que determinan la identidad institucional, su idiosincrasia, que hacen que cada una de ellas sea lo que es.
En el regazo de ellas conviven aspectos instituidos e instituyentes, siendo generalmente los primeros aspectos, los aceptados por todos los actores de las instituciones, porque funcionan como normas heterónomas impuestas, que generan sujeción de voluntades, independientemente de la conformidad o no con ellas, y lo instituyente conformado por un conglomerado de nuevos aportes que bajan al campo institucional escolar a partir de la ejecución de nuevas políticas educativas que se diseñan y ejecutan para readaptar el sistema educativo a las transformaciones sociales y mundiales. En el marco de ella cada uno de los agentes tiene la posibilidad de transformar situaciones, desarrollar nuevas acciones, trayectos que modificarán ciertas prácticas institucionales. Pero deben existir impetuosas razones que conllevan a modificar muchas veces sólo aspectos superficiales y triviales y conservar con acérrimo fanatismo otros más profundos y arraigados.
Mi posicionamiento no implica hacer una apología de la innovación, asentando que existen ciertos y determinados aspectos de las culturas escolares que deben removerse , concibiendo a la renovación como una acción con fin en sí misma. Sólo me refiero al deseo de transfigurar o modernizar determinadas prácticas que configuran un determinado orden instaurado, con cierto raigambre institucional, y que procuran soslayarse para inquirir el logro de mejores resultados en los procesos de aprendizaje. O bien si no desean removerse , y ya desde una perspectiva crítica, ¿cuál es el mensaje que subliminalmente procura transmitirse por medio de ellas?, al apostarse tan firmemente a su perpetuación. Si esto no es así es tiempo de formular revisiones... y si no estamos dispuestos a hacerlas, es tiempo de recordar que nuestros alumnos aprenden mucho más de lo que los docentes hacen, que de lo que dicen, la fuerza de los hechos prevalecen sobre las palabras y por sobre todo tener presente que ellos son los más susceptibles de percatar cuando del dicho al hecho existe... un largo trecho . De nada sirve educar a partir de un discurso, si las prácticas cotidianas manifiestan absolutamente lo contrario, y tan grave es emplearlas como meta mensaje para transmitir en forma oculta determinada escala axiológica, como conservarlas por desconocimiento o negligencia, ignorando ¿qué hemos sembrado durante tantos años?...
En sentido transpuesto, muchas veces nos encontramos frente a determinadas prácticas o usos que, en razón de su carácter cotidiano y por tanto rutinario, van perdiendo vigencia poco a poco con el correr del tiempo, advirtiéndose como su carácter ritual hace perder paulatinamente la envergadura que merecen, cuando debieran ocupar lugares centrales u nucleares dentro de la vida de las instituciones educativas, en vista del difícil momento
histórico dentro del cual se desarrolla nuestra existencia. Pues a este tipo de prácticas es a las que he de referirme, dentro de esta producción, y por tanto que abordaré como materia de análisis.
La observación de las prácticas constituye un dispositivo analizador fundamental, dentro de las instituciones escolares, por cuanto nos permite develar, descubrir o desocultar determinados aspectos que tienen que ver con el funcionamiento de las mismas, pero que no se manifiestan evidentes ante la primera mirada. Recurrir a este dispositivo no es tarea sencilla y sobre todo cuando el observador es al propio tiempo actor dentro de la institución que se constituye en objeto de análisis, es decir observante y observado al propio tiempo, por cuanto requiere agudizar la mirada, despojándose de aquellos obstáculos que impiden ver con claridad determinadas situaciones, en razón de su familiaridad.
El análisis y reflexión de determinadas situaciones, a partir de la observación de las mismas, hace posible lo que Michel Foucault describe como la cuarta función de las instituciones disciplinarias, que consiste en “ obtener conocimientos, extraer un saber de y sobre los individuos (o instituciones) sometidos a la observación”(1)... Efectivamente el ejercicio de la observación supone lo que él denomina vigilancia, la atención puesta sobre el objeto observado, que hace posible la constitución de un saber sobre aquello que se vigila. Un saber complejo que tiene componentes explícitos o evidentes , susceptibles de percibirse con facilidad y otros intangibles o de apreciación dificultosa, que el desocultarlos demanda un enorme esfuerzo intelectual para luego interpretarlos a la luz de alguna teoría .
Para finalizar y a modo de aclaración, la expresión
prácticas institucionales se refieren no tan sólo a
las prácticas que se desarrollan en el aula, sino también
a aquellas otras que las acompañan, las complementan o en otras
circunstancias las contradicen. Dentro de ellas se incluyen los recreos,
las rutinas diarias de entrada y salida, los actos escolares u otras
actividades que tradicionalmente realizan las instituciones como campamentos,
visitas al laboratorio, en definitiva un conjunto de tareas que planificadas
o no previstas intencionalmente se desarrollan en los establecimientos
escolares.
El Oficio de las Prácticas
En una de las conferencias de Paulo Freire, realizada en nuestro país, aborda como tema central de la misma , a las situaciones educativas, donde además de enunciar sus elementos constitutivos tales como educado, docente, espacio, tiempo pedagógico, los contenidos de enseñanza, la politicidad de la práctica, explica, al referirse al cuarto elemento, todo el tiempo que los educadores desperdiciamos o desaprovechamos, a pesar de estar comprendido dentro del tiempo institucional, como situaciones pedagógicas que son importante caldo de cultivo donde el educando se conduce espontáneamente, con libertad, citando como ejemplo el espacio de los recreos. A esto puedo adicionar el no planear determinadas prácticas que son profundamente educadoras y transformadoras, sobre todo cuando encarnan valores positivos, que llevan consigo la fuerza de las vivencias, como nutrientes básicos del aprendizaje, pero que pueden surtir un efecto adverso y hasta devastador cuando en ellas subyacen disvalores que poco a poco anestesian y hasta aniquilan actitudes o sentimientos positivos.
Pensando en esas prácticas o actitudes refractarias es que
me pareció este un momento oportuno para compartir con mi lector
este hermoso poema de René Trossero, que invita a la reflexión,
al análisis y por sobre todo a hacer de nuestra profesión
una labor de continuo aprendizaje. Pues en el campo de la educación
y la enseñanza no tenemos probablemente muertos biológicos,
como acontece en el terreno de la salud, pero nuestras improcedencias
pueden generar muertos intelectuales, y lo que es peor aun, promover
la huída o escape de todo cuanto represente situaciones de
aprendizaje.
Encuadre de Situación
El análisis de la práctica tiene lugar en un establecimiento de gestión pública donde funcionan, en forma simultanea, aunque en turnos diferentes, un Ciclo Básico Unificado , constituidos por cuatro (4) divisiones de primer año, cuatro (4) segundos años, y cuatro ( 4) terceros años. Además deben adicionarse los dos C.B.U. que dependen de la institución pero que funcionan en la zona rural, los que cuentan respectivamente con primero y segundo año.
Dentro del Ciclo de Especialización , y a
partir de la transformación educativa operada por la Ley Federal
de Educación, cuenta con las siguientes modalidades: Economía
y Gestión de las Organizaciones, con la Especialidad “Gestión
Administrativa” y la modalidad Producción de Bienes y Servicios
con las Especialidades: “Mantenimiento” y “Agropecuaria”, involucrando
las mismas un total de diez (10) divisiones. Las especialidades mencionadas
fueron otorgadas considerando el mandato fundacional y la necesidad
de resignificarlo, para adaptar la propuesta educativa a la realidad
del contexto, modificada por la evolución. Dicho Centro Educativo
pertenece al grupo de escuelas de primera categoría.
Descripción Situacional La práctica a la que me refiero tiene lugar específicamente en el CBU, cuando al ingresar por la mañana, a la 7:45 hs , momento en que la institución inicia toda su actividad, en el pasillo central de acceso a la galería principal de la escuela, uno de los preceptores llama a viva voz a los alumnos de 2° año para que asistan al izamiento de la bandera. En la secretaria del establecimiento se encuentran reunidos un grupo de profesores, otros de a poco van ingresando, se sienten saludos, hay subgrupos formados comentando diferentes temas. Sobre
una de las paredes figura en papel afiche un cartel, a modo de informe, que indica los curso de deben asistir al izamiento de la bandera en el transcurso de la presente semana.
En medio de la situación ingresa una docente del establecimiento quien luego de saludar al personal reunido pregunta: “¿qué cursos deben asistir hoy al izamiento?” Otro colega que integraba la charla, del grupo que estaba congregado desde el comienzo, le responde: “creo que los terceros, o no ...mirá el cartel, no, hoy le corresponde sólo a los segundos”.
Por la galería central de la escuela grupos de alumnos circulan de un lado hacia otro camino a sus cursos para ingresar a sus respectivas clases, en tanto que otros se dirigen al patio, ya sea para asistir al izamiento, o bien para ingresar a las aulas de la especialidad que están ubicadas en los flancos del patio pavimentado.
En el patio, frente al mástil, un grupo de alumnos agrupados en filas de a dos observan el acto de izamiento. El preceptor junto a dos profesores asiste a la ceremonia. Otro grupo de alumnos conversan frente al aula de gestión, ubicada en dirección al mástil, sobre un pasillo abierto de acceso al patio pavimentado, aguardando la llegada del profesor para ingresar al aula. El resto de la escuela sigue su actividad en forma normal, algunos alumnos por la otra puerta de acceso al patio de tierra, se dirigen al taller para tomar las clases prácticas de la especialidad mantenimiento. Un bullicio de fondo da marco a este episodio, risas, mesas y bancos que se arrastran , puertas que se golpean, nombres que se pregonan con insistencia...hasta que por fin nuestro símbolo sagrado, que encana la argentinidad llega al tope del mástil y su arribo es coronado con tenues aplausos. El preceptor saluda a los alumnos y después los hace girar hacia la puerta de la galería para ingresar a los curso. Pregunta a los alumnos que integran la primera fila ¿Con quién tienen?, a lo que los chicos indican cuál es el profesor de la primera hora.
Los alumnos, cuyos profesores estaban en el acto de izamiento, ingresan junto a ellos al aula, los demás deben esperar que su profesor los venga a buscar. Pero aquí no culmina el relato por cuanto en varias oportunidades los alumnos de diferentes cursos y divisiones reclamaron que el preceptor los había amenazado con sancionar con otra semana completa de izamiento de bandera por conversar durante ese transcurso, como si nada sucediera, a lo que ellos
replicaron con cierto enojo(2)“ conversar está mal, pero el asistir al izado o arriado de la bandera no puede ser un castigo”.
Para finalizar, cierta mañana un curso que no tenía que asistir al acto de izamiento , violando el principio organizativo que lo sustentaba, más específicamente tercer año “A”, igualmente asistió al izamiento de la bandera como actitud patriótica y manifestando cierta rebeldía o rechazo a la norma impuesta desde la institución, en virtud de conversaciones realizadas en la hora de Formación Ética y Ciudadana. Frente al hecho se les indicó que no les correspondía, que debían regresar a su aula, pero a pesar de la orden y de la insistencia formaron y asistieron al acto de izamiento. El enojo del preceptor se hizo notar, los interrogó diciendo ¿no sé qué se quieren hacerse, saben que no les corresponde?. Esta actitud loable de los chicos perduró por bastante tiempo, cada mañana igualmente, a pesar de los retos asistían al acto de izamiento, pero finalmente terminaron por ajustarse a la norma y concurrir tan sólo el la semana que les correspondía. Tal vez no encontraron o no buscaron el apoyo que necesitaban para modificar la norma y revertir esa situación, lo cierto es que finalmente la institución logró la ensambladura o el encaje perfecto, que de una u otra manera procura conquistar.
¿Esto es realmente lo que deseamos quienes trabajamos en educación?, el encaje y acomodación dentro de un orden social preexistente, ¿o un verdadero ciudadano emprendedor con capacidad de transformación cuando es posible generar, dentro de un medio determinado, mejores condiciones que las existentes? El mensaje que subyace en este hecho es: “jamás retar lo instituido, aun cuando no sea laudable o meritoria la situación que genera, o de ella devengan entornos de injusticia , procurando tan sólo la “ inclusión ”dentro del orden societal, como recurso para una “ óptima adaptación”.
Estos dobles mensajes ¿no implican de
alguna manera un adiestramiento para propender a la aceptación
de nuevas formas de dominación, engendrando una nueva forma
de subordinación hegemónica, que de diferentes manera
se deja transparentar dentro del escenario social actual?
Reflexión y Análisis desde una Perspectiva Histórica
El análisis , la reflexión y explicación del episodio relatado, no es una tarea sencilla, por lo menos si la situación es abordada como un todo global. Pues requiere de un proceso de desglosamiento de la escena, o disociación ,en diversos componentes que la integran, para ir remitiéndose desde ellos a los distintos aspectos teóricos que le darían sustento y la posibilidad de una explicación legítima.
El acto de izamiento y arriado de la enseña patria, como tantos otros actos escolares que tradicionalmente se celebran dentro de las Instituciones Educativas, tienen que ver con rituales que durante largos años procuraron conmemorar, recordar, celebrar o rendir homenaje a personalidades de la historia nacional, hechos de capital trascendencia que constituyeron verdaderos hitos, o simplemente un agasajo a nuestros símbolos que constituyen una representación emblemática de nuestro patriotismo.
Si bien es cierto que “ las efemérides perdieron poco a poco su sentido original” , tal como lo señala el profesor Guillermo Malé(3) , es posible reencontrar su significado, interpretando el presente, a partir del pasado. El rendir oblación a nuestros símbolos, el entonar con fervor el Himno, como los actos escolares en general, fueron impuestos como fechas de evocación obligatorias, con el propósito de conformar la identidad nacional, en un momento histórico en que el cincuenta por ciento de la población argentina estaba compuesta por inmigrantes, cada uno de los cuales, en razón de su diverso origen nacional, rememoraba diferentes acontecimientos u homenajeaba a otros símbolos patrios y era necesaria la tarea de aglutinar, ese sentir nacional, en medio de un crisol de razas.
En estos tiempos modernos no sólo han perdido su sentido tradicional sino que son vividos, por los docentes, como una carga extra escolar que complica sus tareas habituales y para los
alumnos como una perfecta oportunidad para zafar de las horas de clases. Pero ¿con disposiciones y rituales como la que figura en el relato, despertamos en nuestros chicos el sentir nacional?, ¿esta misión dejó de estar a cargo de la escuela? O ¿es que la necesidad de integrar la heterogeneidad cultural no constituye, para la escuela de hoy, un mandato social?
Diversos autores destacaron el papel principal que correspondió a la escuela en momentos de su primera gran expansión, a partir de fines del siglo XIX , un papel que tuvo que ver más con lo político que con lo económico. Integrar poblaciones que vivían en regiones sumamente diferenciadas económica, social y culturalmente, incorporar a la cultura e historia nacional a miles de inmigrantes que portaban consigo valores y pautas de comportamiento de sus países
de origen . Uno de los mecanismos implementados fue la imposiciones de un conjunto de rituales necesarios para el reconocimiento de los símbolos patrios y los próceres de nuestra historia. Lamentablemente muchos de estos ritos no han logrado sobrevivir, o si lo han hecho, en algunos casos parcialmente, como en el caso de la escuela cuya práctica configura el objeto del análisis, están vaciados y despojados de su sentido originario.
Todas las expectativas respecto de la formación ciudadana y la participación creciente en la vida política del país, estaban depositadas en el sistema educativo de aquel entonces, en creciente expansión. Es fundamental rescatar que la constitución del ciudadano coma así también la formación para la posterior participación política, son elementos medulares para constituir la unidad y el sentir nacional, que fueron promovidos desde el sistema educativo, y por lo tanto factores determinantes en el proceso de formación del Estado Nacional.
Mi reflexión se orienta a considerar que si bien el contexto sociopolítico y cultural actual es diametralmente diferente al de aquel entonces ,¿no existe la necesidad de vigorizar estas prácticas frente a un entorno caracterizado por una fuerte impronta colonialista que avasalla la cultura hasta en sus más sencillas manifestaciones? O ¿ es que el nacionalismo y el sentir patriótico no se conciben como valores que deben cultivarse y fortalecerse desde los sistemas escolares?
Frente a esta rutina escolar que mañana tras mañana
se reproducía, en el local de la escuela, como una copia fiel
de una práctica original, indagué al preceptor respecto
de ¿cuál era el sentido de
tal disposición? , ¿por qué
motivo todo el establecimiento no interrumpía su labor para
rendir homenaje a la bandera, tal como lo establece el reglamento
sobre el tratamiento y uso de símbolos patrios, haciendo cada
uno la suya? , sin importar lo que afuera sucedía.
El preceptor respondió que se trataba de una “cuestión organizativa, de orden, tiempo y espacio”. El congregar a todos los alumnos de CBU, frente al mástil, más los alumnos del Ciclo de Especialización que van en contra turno por la mañana, implicaba reunir casi la totalidad de la escuela, 600 alumnos aproximadamente, teniendo en cuenta que el patio es un espacio un tanto reducido, si pensamos en el espacio que denominamos patio pavimentado. A dicho argumento agregó que la posterior desconcentración implicaba una valiosa pérdida de tiempo, equivalente a diez minutos aproximadamente, cada día hasta que los cursos abandonaran el patio e ingresaran a su respectivas aula. Mi interrogante mayor , frente a tal razonamiento es el siguiente : ¿ implica una pérdida de tiempo dedicar diez minutos diarios dentro de una jornada escolar el rendir homenaje a nuestra enseña patria? ¿el respeto y homenaje a nuestros símbolos queda excluido de la condición de contenidos escolares de enseñanza, o en qué recóndito espacio del curriculum se sitúan?.
Cuántos minutos diarios se dilapidan y se esfuman , ya porque no se planifica ninguna actividad para su aprovechamiento, o porque ellas responden a contenidos que se encuadran en un curriculum fragmentado que genera acciones o actividades carentes de sentido significativo y desconectadas totalmente de la experiencia. Por lo tanto en épocas de una dominación cultural subliminal, una nueva forma de dominación e imperialismo que con toda sutileza y perspicacia se desenvuelve a nuestras espaldas ¿ qué mensaje está transmitiendo la escuela y con cierto énfasis, si consideramos la asiduidad y frecuencia con que se desarrolla esta práctica, respecto de nuestros símbolos como máximos exponentes de la argentinidad?
La problemática que plantaba el preceptor al respecto no sólo
tenía vinculación directa con los tiempos, sino también
con la falta de espacio , “un patio reducido", pero
esto es así sólo si consideramos el espacio pavimentado,
pues el resto del patio escolar puede considerarse campo abierto,
abarcando aproximadamente una manzana completa, cuyos límites
materiales se concretan con los tradicionales alambrados, que proliferan
en las zonas rurales, y en algunos tramos ni siquiera esto, sólo
límites naturales , tal como sucede en los hielos continentales(4),
existentes en la imaginación . Por ejemplo, y con ánimo
comparativo, año tras año, en ese mismo espacio, se
celebra la tradicional fiesta del día del estudiante a la cual
asisten no sólo los seiscientos alumnos de la institución
, sino también docentes que componen la planta funcional, ex
alumnos, padres y alumnos de otras instituciones educativas. Por lo
tanto el asignar espacios tiene que ver también con
una cuestión de intereses y/o prioridades.
Finalmente, teniendo en cuenta la emisión discursiva a la que me aboco en este tramo del análisis, debo remitirme concretamente a la expresión una “cuestión de organización ”, entendiendo tal término en sentido de orden, disciplina, o el mantenimiento de un cierto estado de sometimiento o alineación. Esto implica compartir un concepto: organización , con sentido polisémico completamente diferente, por cuanto la organización , en el cabal sentido de la palabra, no tiene porque implicar necesariamente rigidez disciplinaria e inflexibilidad.
La cuestión de la organización es una temática
que puede analizarse desde vertientes diferentes, para obtener un
análisis panorámico de la práctica que estoy
considerando, por ello volveré a retomar el concepto en el
apartado siguiente, sólo que desde un ángulo diferente,
desde el bisel del mandato fundacional.
Reflexión y Análisis desde las Políticas Educativas y el Mandato Fundacional
Los sistemas educativos nunca pueden concebirse como entidades separadas del contexto social en el que están inmersas, todo lo contrario están en él, y por tanto son parte integrante. La escuela no es para nada una isla que yace aislada dentro de la sociedad e impermeable a todos los cambios o transformaciones que en ella se gestan. Sino, que por el contrario, es parte de todo ese concierto el cual determina, de alguna manera, su desenvolvimiento a lo largo de la historia, dándose un proceso de interacción mutua.
Existen dos posiciones sumamente claras respecto de la interrelación escuela sociedad : la educación como un producto de las exigencias sociales, sujeta por ende a todas sus determinaciones, según la cual el rol de los sujetos o actores sociales será sumamente pasivo, adaptándose a sus exigencias , con exiguos márgenes de maniobrabilidad.
La otra concepción aborda a la educación desde una perspectiva opuesta, considerando su potencialidad transformadora de la sociedad, es decir como motor que genera y propulsa todos los cambios sociales.
Desde esta primera vertiente el rol de los educadores se orientará a la formación de sujetos pasivos, displicentes y receptivos, con habilidad de adaptarse a los cambios sociales sin generar actitudes de transformación, sino de aclimatación.
En el marco de la segunda concepción, el rol docente se emplazará en sembrar la esperanza de convertir y alterar desde la educación todo orden social existente con el cual no estemos de acuerdo, y desarrollar en tal sentido actitudes que favorezcan su transformación. Es decir formar agentes para producir cambios, vinculados estos exclusivamente con las acciones transformadoras que ejecuta la escuela y por añadidura la educación.
Sin tomar partido categóricamente, por una u otra tendencia, creo que se trata de una relación de reciprocidad, mutua y permanente. Muchas ejemplos históricos patentizan que los cambios se gestaron en el ejido social y tuvieron repercusiones en el sistema educativo y en otras circunstancias fue la escuela la que inició un proceso de metamorfosis, dando un punta pie inicial, que tuvo efecto expansivo sobre otras instituciones y sectores sociales.
Volviendo a considerar la práctica que conforma mi objeto de análisis, puede observarse como con o sin conocimiento está presente en ella, con fortaleza ineluctable, la primera concepción, que arrastra consigo un sin número de conceptos asociados respecto de la visión de educador, educando, de autoridad, sentido del poder, la disciplina y una larga lista de aspecto que no vienen al caso citarlos, pero que responden rasamente a esa corriente.
Amén de una u otra perspectiva las sociedades siempre trataron de asegurarse o garantizar la asimilación de ciertas pautas o normas a través de los sistemas educativos, u otras instituciones, tal como lo señala Foucault (5) cuando establece que las sociedades modernas han ido multiplicando las instituciones de disciplina sobre el campo social, generando una red que comprende cada vez un espectro más amplio, tendiente a ocupar cada vez un espacio mayor.
Los sistemas educativos particularmente han cumplimentando con esa función social asignada por intermedio de un mandato fundacional, que sintetiza las demandas de un determinado contexto y tiempo histórico. Claro está que dicho mandato debe ser resignificado o reeditado con el correr del tiempo, siendo éste el único medio posible de que la escuela no se quede en el tiempo y pueda evolucionar respondiendo a las exacciones sociales.
Ese mandato es asignado por intermedio de diferentes instrumentos legales que concretizan una determinada voluntad política, más específicamente a través de políticas educativas, sólo que esa voluntad política no siempre constituyó la fiel interpretación y traducción de la voluntad popular.
En el caso de la práctica analizada, la escuela procuró aunar prácticas diferentes provenientes de orígenes disímiles, que sin simbolizar un avasallamiento a las manifestaciones culturales
vernáculas, pudieran diluirse en un sentir nacional colectivo, despertando en los inmigrantes y su descendencia el sentimiento patriótico, más allá de la preservación de rasgos culturales específicos. Este objetivo se concretizó por medio de políticas educativas, a las que antes hice mención, que hicieron posible la configuración de una nueva nación y el consiguiente surgimiento del estado nacional.
Hoy en día las condiciones del entorno han variado considerablemente, pero por esa misma razón la escuela debería vigorizar esas prácticas, absorbiendo reclamos sociales que se hacen sentir de un modo confuso, pero de algún modo al fin, donde la ciudadanía reclama una reafirmación de la soberanía, y de aquellos rasgos culturales que conforman la idiosincrasia de nuestro pueblo, pero la voluntad política transita por una senda completamente diferente, o si no es así, esa es la única interpretación posible que se desprende de los instrumentos legales vigentes.
La Ley Federal de Educación, N° 24.195, sancionada por el
Congreso de la Nación en el año 1993, no se refiere específicamente
a los símbolos patrios, tratamiento y uso, tal vez esto tenga
que ver con otras leyes reglamentarias que operativicen lineamientos
generales de la política educativa, tal como el siguiente principio
consagrado en el Título II, Capítulo 1 De la Política
Educativa:
“ Art. 5 El Estado Nacional debe fijar los lineamientos de la política educativa respetando los siguientes derechos, principios y criterios:
El fortalecimiento de la identidad nacional atendiendo a las idiosincrasias locales, provinciales y regionales.
El afianzamiento de la soberanía de la nación”.
Luego de determinar la nueva estructura académica del sistema educativo, la citada ley realiza una descripción de los objetivos o metas generales para cada uno de los niveles académicos del sistema, y de todos ellos sólo hace referencia al sentir nacional cuando en el capítulo IV se refiere en forma específica, a los objetivos de la educación polimodal. El texto de la Ley reza literalmente:
“ Art.: 16 Los objetivos del ciclo polimodal son:
Preparar para el ejercicio de los derechos y el cumplimiento de los deberes de ciudadano/a en una sociedad democrática moderna, de manera de lograr una voluntad comprometida con el bien común, para el uso responsable de la libertad y para la adopción de comportamientos sociales de contenido ético en el plano individual, familiar, laboral y comunitario”.
Como es posible observar la Ley no ha puesto demasiado énfasis en afianzar los valores de la nacionalidad, si tenemos en cuenta que se trata de la columna que vertebra y organiza el sistema educativo en su conjunto. Con intencionalidad o sin ella esta es la realidad generada a partir de ella, la que además se tiñe fuertemente de enjundias propias de una tendencia neoliberal, que no sólo ensombreció las políticas educativas, sino los grandes lineamientos políticos generales. Las mismas respondieron a disposiciones tomadas por organismos económicos y financieros internacionales, cuyo principal interés es el económico pero: ¿procuran la preservación de la identidad nacional de los países con escaso desarrollo que receptan tales medidas? (6).
Con respecto al concepto de organización, al cuál arriba hice mención, puede entenderse con connotaciones disímiles, la organización como una unidad socialmente construida, para el logro de fines específicos, donde la relación existente entre los diversos componentes o individuos, como así también la adecuada redistribución de roles y tareas, potencian las realizaciones de la misma, haciendo viable producciones con alto grado de eficiencia.
En tanto que también puede entenderse la organización como una unidad social caracterizada por su disposición jerárquica verticalista, donde la rigidez disciplinaria predomina sobre la eficacia y la competencia, en sentido de habilidad para..., la sujeción de voluntades a un poder
que se ejerce en sentido unidireccional, independientemente de la voluntad de los miembros que componen la organización, predomina sobre la participación colectiva y mancomunada, donde el poder cumple, tan sólo el rol de coordinar o regularizar los aporte individuales para una mejor realización común.
Esta segunda concepción es la que prevalece en dicha práctica, y considero que una análisis profundo de muchos otros aspectos dentro del entorno institucional, me permitiría vislumbrar la misma concepción presente en otras prácticas paralelas, respondiendo tal vez a razones de
carácter histórico, que tenían que ver con exigencias sociales de otras épocas y que aun no han podido desterrarse del campo de las instituciones educativas. Sin animosidad de plantear una crítica frontal hacia ellas, pudieron satisfacer reclamos de una época, pero no de este tiempo presente. ¿Cuántas cosas realizamos en educación sin tan siquiera saber porqué, o a qué necesidades respondieron en su momento?, ni tampoco nos cuestionamos respecto de muchas de esas prácticas, que están tan encarnadas y materializadas en las culturas institucionales que hasta se tornan invisibles a nuestros ojos. Hoy están totalmente vaciadas de significación, y hasta pueden ser nocivas y producir efectos adversos, por no contemplar el nuevo entorno para el cual estamos formando. Del mismo modo cuando en el ámbito de la salud consumimos un medicamento sin necesitarlo, por cuanto no estamos enfermo, o bien por no ser la medicina adecuada a nuestra afección. En el primer caso sólo afectará nuestro sistema inmunológico, disminuyendo considerablemente las defensa hasta que por fin terminaremos enfermándonos, y en el segundo la dolencia avanzará, agravando nuestro estado por ausencia de correlato entre diagnóstico y medicamento suministrado.
En el apartado siguiente profundizaré este aspecto
del análisis, evidenciando cual es la raíz histórica
de estas concepciones que están presentes en el aula, en el
nuevo milenio, y que con cierto obcecación han logrado perpetuarse
a través de muchos siglos, teniendo en cuenta que su cuna data
de la edad media de la historia.
La escuela entre prácticas Sobrevivientes y prácticas Desfallecientes Si muchas prácticas han logrado sobrevivir a través de los años, por qué otras, como el respeto a nuestros símbolos, fechas célebres, que conforman parte importante de nuestro patrimonio nacional se van desdibujando con el paso del tiempo, hasta que definitivamente terminarán por evaporarse sólo por negligencia o ¿es que esa negligencia nuestra es caldo de cultivo de intereses foráneos?
Formar filas. Práctica implementada
desde la Edad Media, que perdura actualmente en todos los niveles
del sistema educativo, excepto el superior. Constituye el preludio
o cierre de la jornada escolar, para ingresar a las aulas, o cuando
se abandona el establecimiento hasta la jornada siguiente. Gentileza
de Tonucci
Es posible que el homenaje a los símbolos patrios en otras instituciones educativas se conserve todavía, pero a diferencia de esta institución, donde el respetar los símbolos es una cuestión de algunos, algunos días y de otros, otros días, se impone como algo que es así, por tanto necesario aceptar y no cuestionar, sin promover sentimientos de amor y respeto a ellos como parte no sólo de nuestra identidad colectiva sino individual.
Como el ejemplo empleado por Francesco Tonucci, en su libro titulado “Con ojos de niño”, muestra como la maestra, con el fin de enseñar a sus alumnos el concepto de conservación de la sustancia, intenta mostrarles tomando dos bolas iguales, del mismo volumen y luego de fragmentar una de ellas que la sustancia se conserva. Veamos en la imagen lo que el niño sostiene, cuando algo se impone sin explicar adecuadamente el por qué, y por tanto que medie una comprensión del contenido que se trate.
Sin intención de explayarme demasiado en el tema, mostraré otras prácticas que aun se almacenan, teniendo en cuenta que datan históricamente de la Edad Media, y han subsistido hasta el presente, en medio de esta actual moda pedagógica tan en boga que podría denominar la “Era de las Innovaciones”.Mientras que otras, que deberían robustecerse, resignificándose, se van perdiendo imperceptiblemente .
Así por ejemplo esa “organización” a la que el preceptor hacía referencia, en el relato del episodio, asociada a una concepción de orden o disciplina, tiene su origen a fines de la Edad Media, cuando nace el aula en la historia del mundo, donde el único modelo de organización que existía, o al menos disponible, era el militar y también el modelo religioso, que veía a los alumnos como un rebaño.
El aula se dispone conforme al modelo pastoral, la obediencia se transforma en un fin en sí misma, apoyándose dicho concepto en la noción de poder sostenida por los griegos, pero no específicamente el de los atenienses (7), que sabemos que se trataba de una excepción a la regla, sino que tenía que ver con dirigir y gobernar una tropa de alumnos. Esa educación para el orden y la obediencia se podía percibir en la disposición del mobiliario dentro de los espacios, los bancos ubicados uno detrás del otro de modo que cada alumnos, menos el primero de la fila, mirara la nuca de su compañero.
La implementación de un libro de texto único, que aun se conserva en numerosas instituciones, sobre todo a nivel primario, en los primeros ciclos del EGB (8), tiene su origen en el siglo XVIII, más específicamente en el año 1790, implementado por La Salle , en su escuela para niños pobres (9), como innovación para su época, pero ya han transcurrido desde aquel entonces doscientos once años. ¿No es posible el aprendizaje de las primeras letras asociado al placer de leer conforme a los intereses del niño?
La educación para la puntualidad, el orden, la actividad intensiva, continua, sin espacios de tiempo libre, sin perder un segundo de actividad dentro del aula, se remonta a la implementación del método lancasteriano (10) dentro del aula, que surge simultáneamente con la industria naciente. La escuela era concebida como una “máquina de enseñar”, del mismo modo que una fábrica, dentro de ella el ocio era mal visto, representaba una importante pérdida económica. Este simboliza un ejemplo más de cómo la escuela desde aquel entonces asume y desempeña su mandato de preparar alumnos con un perfil que responda a los reclamos de la sociedad.
Esta enumeración ejemplificadora podría proseguir, pero esta no es la intencionalidad, sino sólo demostrar como a pesar de tantos cambios en todos los órdenes, el espacio del aula a permanecido casi invariante, por espacio de largos siglos. Esta invariancia es tal que como lo señalan Inés Dussel y Marcelo Caruso, en su libro “La Invención del Aula”, es la única institución social que sería reconocida como tal si imaginariamente resucitara una habitante de la Edad Media.
Por qué entonces prácticas legítimas que hoy
más que nunca recobran sentido, frente a este fenómeno
globalizador que avanza a pasos agigantados, desfigurando las fronteras
de lo países y arrasando con la identidad cultural, sobre todo
de los más débiles, de menor desarrollo, considerados
periféricos.
Conclusión
Todo el análisis y la reflexión, en torno de esta práctica,
lleva a considerar y no pasar por alto las reglas metodológicas
que Larrosa, Jorge (11)plantea
para indagar la constitución de la experiencia de sí.
Su propuesta consiste en la ejecución de un análisis
no meramente descriptivo, sino crítico de las prácticas
educativas, en la misma contingencia de su ejercicio. Siendo la perspectiva
crítica no un modo dialéctico, o mediador hacia una
forma mejor fundada, sino un ejercicio permanente, inacabado, de interrogarse
y cuestionarse acerca de las evidencias que nos envuelven, en el cotidiano
vivir, sin conformarse con ciertas inseguridades del presente.
Su proposición estriba más específicamente en :
- Problematizar las ideas respecto de la autoconciencia, la autonomía e ir analizando las condiciones históricas de su formación.
- Tomar como dominio de análisis privilegiado las prácticas concretas, no como espacio de posibilidades, sino como mecanismo de producción de la experiencia de sí.
Esta perspectiva dentro del análisis, de la práctica concreta a la que me refiero, estaría indicando que su carácter rutinario impone u orienta a producir la experiencia de sí en un determinado sentido, en cuanto práctica productora de sujetos. El interrogante pues sería ¿ qué clase de mecanismo estamos implementando?, o en terminología vulgar, pero respetando la visión foulcaultliana, ¿qué clase de sujetos estamos produciendo con la implementación de estas prácticas?
Si la experiencia de sí es histórica y culturalmente contingente, es algo que debe transmitirse a todo nuevo miembro de una cultura, como aprender a ser persona, para preservar de alguna manera ciertos y determinados rasgos del acervo cultural, ¿cuál es la cultura que estamos ensayando?, donde la tradición se despedaza para dar paso a una modalidad diferente que de alguna manera corrompe lenta e ingenuamente nuestros más altos valores de patriotismo,
porque a pesar de todos las dificultades, el alumno sigue considerando que si es ofrecido por la escuela de este modo, está bien y aquí descansa el mayor peligro.
El grupo al que no le correspondía asistir al izamiento, igualmente concurrió, situación que agravó las condiciones, porque fueron reprendidos por dicho hecho: no respetar “la norma”.Pero aquí existiría lo que en derecho se denomina una superposición de norma contradictorias, pues una de ellas castiga lo que otra ordena, lo que implicaría invalidar la norma inferior, violatoria de una práctica establecida en el Reglamento sobre el Tratamiento y Uso de los Símbolos Patrios.
Pero mucho más allá de lo que suceda en el campo jurídico es necesario reflexionar, y he aquí una de las máximas bondades de la filosofía como herramienta de despojamiento, qué sucede en el campo del corazón y del alma de cada uno de esos alumnos, donde las semillas del amor a la patria, el orgullo y sentir nacional, más allá de las vicisitudes en las que como nación nos hallemos envueltos, son arrancados como hierba mala, en lugar de ser fertilizados para que crezcan se multipliquen y den magnos frutos.
Esta es una tarea indelegable que compete en forma exclusiva a las Instituciones Educativas, por tanto no podemos responsabilizar por ello a las familias, como muchas veces lo hacemos como arteria fácil cuando no podemos y nos urge encontrar un culpable ante estados de fracasos.
Hoy en día los procesos de expansión imperialistas se han reeditado, desarrollando un amplio repertorio de modalidades que coexisten y favorecen la extensión del dominio de los estados fuertes o de mayor desarrollo sobre los más estados débiles. Estas técnicas utilizadas engendran un proceso de aculturación donde, del enfrentamiento de culturas diferentes, resulta el vaciamiento y posterior extinción de la cultura débil prevaleciendo hasta imponerse las manifestaciones de la fuerte.
Entonces, ¿para quiénes estamos educando?, no será que frente a nuevas formas de dominación estamos adiestrando una nueva modalidad de dominados. Una forma de esclavitud estrenada, que procura una etérea y demoledora alineación que carcome no sólo el patriotismo sino uno de los valores mas preciados del hombre: la libertad y su dignidad
Bibliografía
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Revista Enfoques Pedagógicos. “El Oficio del Profesor: hacia una nueva Práctica Docente” Guyot , Violeta y Vitarelli , Marcelo.
Ley Federal de Educación.
Referencias
1 Foucault, Michel. “Introducción al Concepto de Poder en Michel Foucault. La primera función consiste en ejercer el control sobre la totalidad del tiempo de los individuos, por medio del empleo de técnicas minuciosas de frecuencia ínfima que denomina microfísica. La segunda controlar no solamente el tiempo sino también el cuerpo de los hombres, y como tercera función crear un micro poder en el interior de las instituciones que instituye como un mecanismo penal que establece reglamentos, da órdenes, toma medidas etc, instrumentando castigos y recompensas sobre todos los aspectos de la conducta. 2 Un alumno de tercer año “A” fue más precisamente quien inquirió al preceptor
3 Profesor de Historia y Geografía y capacitador de la “Red Federal de Formación Docente Continua”.
4 Límite entre Argentina y Chile, en la zona sur de la Cordillera de los Andes.
5 Introducción al Concepto de Poder en Michel Foucault Ciencia Política, cuando aborda el concepto de la disciplina.
6 Dentro de esos organismos es posible citar: el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo, entre otros.
7 Destacados por la implementación del estilo democrático en la toma de decisiones para atender y resolver los asuntos de la polis.
8 Educación General Básica,
9 Dicha escuela contaba con el apoyo financiero de los municipios y donaciones de familias adineradas, y recibían además limosnas de las familias humildes que enviaban a sus hijos regularmente a la escuela.
10 Implementado por Lancaster, que incorpora la idea de educación popular , y que termina a fines del siglo XIX como consecuencia de las duras críticas a las que se expone.
11 “Escuela, Poder y Subjetivación”
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