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| Número 28 - Año V |
Recuperar nuestra identidad nacional desde las aulas Escribe: Susana
B. González |
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Lo cierto es que la educación representada por cada establecimiento escolar (público o privado, urbano o rural) debería tener una visión liberadora, democrática, justa e igualitaria del hombre y de la sociedad. Más allá de las tecnologías y las constantes actualizaciones que el medio exige para alcanzar una inserción laboral, la escuela no debería perder de vista su principal propósito: Formar sujetos autónomos, con mentes abiertas y capacidad de discernimiento.Aprender a interpretar mensajes (imágenes, símbolos, textos) y pensar reflexivamente es un proceso de retroalimentación recíproca, que se perfecciona con el ejercicio diario. Pero, a su vez, es relevante destacar que no es un procedimiento aplicable sólo para algunos estratos sociales, sino que por el contrario, es un derecho de todos los que están dispuestos a reconocer que ningún éxito se logra sin un esfuerzo personal. Es imprescindible concientizarnos de que todas estas reformas deben apuntar a reconstruir nuestra identidad nacional. Recuperan el sentido de “lo nuestro” que la globalización y la cultura mediática lo arrastro hacia el olvido. Para remitirme a un ejemplo concreto y actual, si comentáramos en una clase de literatura sobre la muerte del creador de Patoruzú e Isidoro Cañones, es probable que ni siquiera despierte en ninguno de nuestros alumnos curiosidad por saber quién era. Lo que nos lleva a reconocer que la Historieta argentina
y su famosa galería de personajes son figuras desconocidas
para nuestros adolescentes que actualmente se hallan sumergidos en
la matrixmanía traída por la cultura mediática
desde USA como un mercado de consumo masivo, altamente significativo.
Es obvio que resultaría ilógico pretender vivir de espaldas
a la Posmodernidad y a las nuevas tecnologías, pero también
seria una postura necia olvidar todo aquello que forma parte de nuestro
acervo cultural. Resultaría una experiencia sumamente interesante y provechosa, volviendo al género de la historieta, que nuestros jóvenes aprendieran a leer “entre líneas” esas tiras cómicas que no están tan alejadas de nuestra realidad aún y pudieran compenetrase así con esa idiosincrasia tan particular de nosotros, los argentinos. Pero para ello es necesario que los docentes busquemos las estrategias adecuadas para lograrlo, debemos rescatar todo lo heurístico que hay en ellos y tratar de direccionarlos para que alcancen los objetivos pedagógicos deseados. De ese modo, por un momento, dejarían de ser absorbidos plenamente por esa cultura de los medios masivos, comprometida con interese foráneos y que poco tienen en común con nuestras tradiciones y costumbres. Es bastante usual escuchar a nuestros alumnos dentro
o fuera del ámbito educativo, referirse a La Argentina como
“este país” y no “mi país”.
Un término tomado del mundo de los adultos que los desliga
de su compromiso con la Patria; porque para ellos claramente la responsabilidad
está en “los otros”. Si realmente, como docentes del Nivel Medio, asumimos la tarea, y al mismo tiempo el desafío, de convertir a estos adolescentes en actores protagónicos de un verdadero cambio social, debemos empezar por conectarlos más con nuestro pasado, con nuestro patrimonio cultural (histórico, literario, ideológico, etc.) convertirlos en autogestionarios de sus propias realidades para que de ese modo se sientan más involucrados y comprometidos con los interese de la sociedad en la que viven. Es por lo tanto imprescindible e imperioso que la
escuela vuelva a recuperar su rol institucional dentro de esta sociedad
como formadora de mentes abiertas, pensamientos autónomos y
forjadora de espíritus inquietos, capaces de recuperar, compartir
y fortalecer aquellos sentimientos tan valiosos como postergados:
el amor a la patria y el orgullo de sentirse argentinos. |
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