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| Año V - No. 27 |
Formación Docente en Educación
Superior: Escribe: Psic. Pastor
Hernández Madrigal |
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Existen ciertos lineamientos para ejercer la profesión docente en algunas Instituciones de Educación Superior, pero el principal debería ser que se trate de un profesional en el área de su competencia, es decir que sea una persona con elevada preparación, competencia y especialización (Marcelo, 1995), antigüedad de experiencia profesional por lo menos de 5 años, y en algunos exepciones se aplicaría incluso una batería psicométrica y/o entrevista, que dé pauta a ciertos elementos de análisis y características personales que influyen en la docencia. En este rubro es necesario resaltar que para iniciarse en la docencia a nivel superior, además de cubrir los requisitos de ingreso propio en cada Institución educativa se debe contemplar que una característica primordial deber ser una actitud cognitiva de progreso y de apertura, es decir, que tenga capacidad de aprender a aprender y de cierto grado de sociabilidad, ya que el trabajo requiere el trato con personas. Se puede polemizar si es necesario incluir la batería psicométrica, pero esto no se aborda en el trabajo presente, más bien se tendría que analizar cómo en la docencia se reproducen patrones aprendidos durante la formación del profesionista y del propio sujeto en su medio ambiente. Por cierto, en algunos trabajos se ha abordado como los fantasmas del trabajo docente, desde una perspectiva psicoanálitica de la praxis educativa, pueden manejarse para fomentar la higiene mental en la práctica de la enseñanza. En este ámbito, se puede afirmar que los valores están presentes en la práctica docente (Gore, 2000), es decir cuando enseñamos, transmitimos valores. Es preciso aclarar, por ello, que en el quehacer docente se da implícita la praxis axiológica. En esa relación educativa del nivel interpersonal del docente hacia la construcción intrapersonal de los alumnos, bajo los planteamientos ya mencionados, se debe abordar que la enseñanza de los valores debe estar implícita en la formación del profesorado, para que se pueda vivenciar en el aula. El proceso educativo hace referencia a múltiples elementos inmersos de forma implícita o explícita en la realidad aúlica, pero es momento de reflexionar sobre los 3 elementos principales del proceso enseñanza-aprendizaje : El profesor, el alumno y los contenidos, mismos que deben ser objeto de análisis en la formación de cuadros docentes en las Instituciones Educativas. Queda claro que para toda Institución de Educación Superior el eje central para el mejoramiento de la Calidad educativa es la Superación del personal académico, recomendada por la ANUIES, ya que cada organismo aplica sus propias estrategias de la actualización y formación docente, mismas que varían dependiendo de las políticas institucionales, en las que se debe promover que los docentes desarrollen más su capacidad en el ámbito profesional y brindarles alternativas de innovación docente con el fin de consolidar cuerpos académicos. Conceptualizar el nuevo papel del profesor en la práctica educativa cotidiana y real, conlleva situarlo en la idea de la posmodernidad y en el concepto de globalización, ya que ésta última relativiza todo lo que toca en su movimiento expansivo, desde la metafísica hasta la música (Brunner, 1998) y la Posmodernidad ha ejercido una fuerte influencia en la naturaleza de la vida intelectual en una variedad de disciplinas, tanto en la Universidad como fuera de ella (Giroux, 1989), y representa un estado de ánimo, una manera de nombrar diversos fenómenos que tiene que ver con la incertidumbre de nuestros días (Brunner, 1998) que caracteriza nuestra época, por las transformaciones constantes en todos los ámbitos de la vida humana y especialmente del conocimiento, considerando a éste último como el valor agregado fundamental en todos los procesos de producción de bienes y servicios de un país, los que se da en un contexto mundial abierto e interdependiente que permite a la sociedad mexicana vivir un proceso de transición en el ámbito económico, político, social y cultural. Es necesario tener en cuenta esta realidad cultural cotidiana, que vive el sujeto de manera consciente o inconsciente, mediatizado por el cambio tecnológico de las comunicaciones, que representa un sistema de información constante y revolucionario en la sociedad actual. Young afirma que la modernidad es una cultura de lo nuevo, del progreso y la celebración del cambio que está implícito en la contextualidad de la comunicación entre la enseñanza y el aprendizaje. Esta contextualidad hace referencia al carácter dinámico de la realidad educativa en el aula, que está en el discurso del profesor y por otra parte en la interpretación de los estudiantes, en la que habría que desarrollar sus competencias comunicativas mediante sus habilidades y su capacidad crítica. Estas afirmaciones llevan a comprender que el proceso educativo es una realidad compleja, que implica análisis y marcos de interpretación inéditos o por lo menos, no convencionales, que se deben considerar en la formación continúa de los agentes que realizan la labor docente. Es dable, precisar que en la Enseñanza Superior se requieren profesionales con alta capacidad cognitiva y amplia experiencia profesional, en donde su posgrado debe orientarse a formar investigadores en los distintos campos del conocimiento, que a la par se les permita capacitarse por medio de Cursos-Talleres, Diplomados o Especialidades en el ámbito del desarrollo académico. Plantear estas alternativas de formación de docentes para las instituciones Educativas del Nivel Superior, permite reconocer una nueva realidad educativa en la construcción de modelos educativos flexibles, pertinentes y relevantes para una educación que potencialice los marcos de información disponibles, pero en esquemas de organización de saberes integradores, con vinculación pertinente y útil, y sobre todo con una valoración constante de todo ello en la conciencia, enfatizando la capacidad del individuo para enfrentar y administrar los cambios ( Ángeles Ofelia, 2000); además de considerar la enseñanza como un proceso de toma de decisiones y al profesor como el profesional encargado de asumirlas (Shavelson y Stern, 1981; Pérez Gómez, 1983). El papel que desempeña el profesor en la complejidad de la vida en el aula requiere reconocer las creencias, intuiciones y representaciones acerca de la educación, así como la naturaleza, características y conducción de los procesos de enseñanza y aprendizaje, de la asignatura objeto de instrucción, de las finalidades y objetivos que persigue la educación, de las características de los alumnos y del contexto institucional; todo ello debe ser objeto de análisis en la capacitación de los enseñantes para interpretar los parámetros de la situación educativa, de diagnosticarla con el fin de tomar las decisiones oportunas para asegurar la buena marcha de los procesos de enseñanza-aprendizaje. En este misma medida se debe proponer como parte integrante de la formación del profesorado un núcleo teórico-conceptual coherente relativo al conocimiento psicopedagógico (Mauri y Solé, 1994). Para concretar estas ideas, la experiencia en tres Instituciones de Educación Superior en el Estado de Hidalgo que son Centro Universitario Allende, Instituto Tecnológico Superior de Huichapan y Universidad Tecnológica del Valle del Mezquital, en las cuales se presentaban problemáticas en torno a la enseñanza, me pemitió diseñar un curso taller denominado “La Didáctica de la Educación Superior” , que tiene como finalidad proporcionar a los docentes recursos pedagógicos, didácticos de planeación y evaluación para mejorar la práctica educativa con el fin de impulsar la formación docente continua como condición fundamental para mejorar la calidad educativa en las instituciones, ésta se desarrolla en tres módulos que son :
Los propios docentes han expresado las ventajas del curso en relación al aprendizaje de conceptos nuevos, de compartir y aprender de los otros compañeros profesores. Reconocieron también la ventaja de realizar un diagnóstico acerca de la realidad académica institucional y de asumir nuevas posturas acerca del proceso educativo, a partir de la reflexión sobre su praxis educativa en un cambio de actitudes con el afán de mejorar su clase. Los docentes llegaron a expresar incluso que “ lo que está en juego es la manera de cómo debemos tratar a la otra persona : como un ser pensante, sensible y significante y que el diálogo educativo es hablar con tus alumnos como seres pensantes”. En este sentido, es válido reflexionar sobre la acción retomando el pensamiento, es decir, la acción de pensar sirve para reorganizar lo que estamos haciendo mientras lo estamos haciendo, reflexionando en la acción (Schon, 1992). Plantear el nuevo perfil del docente, que tenga la capacidad de la autoobservación, de reflexión sobre la propia actuación, que sea facilitador, guía que conduzca los esfuerzos individuales y grupales del autoaprendizaje, motivador y que ayude a los alumnos en su proceso de aprendizaje, en donde los métodos educativos y las técnicas didácticas deben poner énfasis en el desarrollo de habilidades intelectuales, dar prioridad a la creatividad, al aprendizaje por descubrimiento y al uso intensivo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Se puede afirmar como Stenhouse (1993), que la enseñanza debe estar basada en la investigación, porque el conocimiento que se enseña en las universidades se gana a través de la investigación, y es concebida como una enseñanza basada en la indagación platónica, en donde se desplaza el equilibrio de poder hacia el alumno, y al mismo tiempo el docente que utiliza este método de enseñanza debe adoptar una posición de investigación para su propia práctica docente. En la praxis con los docentes que asumen la reflexión de su propia práctica educativa se logra asimilar un cambio de actitud con respecto a esa relación triangular alumnos y contenidos, su propia autoevaluación, en la que los propios alumnos le demandan nuevos roles como son : el ser práctico, reflexivo, innovador, responsable, empatíco, entre otros; cabe resaltar que el programa de formación docente se debe centrar en un modelo de reflexión en torno a la práctica, en equipos de profesores, participativo, con la posibilidad de ofrecer elementos de análisis basado en las teorías, modelos y explicaciones que provienen de la investigación educativa, y que posibilitan la dimensión de intervención psicoeducativa en nuevas estrategias de enseñanza. La experiencia nos remite a que no existe un modelo de enseñanza, sino que cada docente elabora sus propias estrategias para abordar el proceso educativo, con el fin de estar en una constante autoobservación y autoevaluación de su misma práctica educativa bajo un marco de referencia de carácter multidisciplinar, de conceptos referentes al desarrollo, aprendizaje, cultura y educación. La metodología apropiada en la formación de docentes debe estar basada en la indagación crítica, análisis de la realidad institucional, centrado en las diversas aproximaciones teóricas y en la investigación educativa, con el fin de articular un saber y un saber hacer en la enseñanza. Todo lo anterior me permite visualizar que involucrar a todos los agentes educativos en una Institución hace que se construyan los ideales universitarios y educativos, en principal orden los docentes, quienes deben asimilar el nuevo modelo educativo y estar directamente en el ejercicio educativo con los alumnos, siendo ejes transformadores de la praxis educativa. A lo largo de este trabajo, he intentado justificar una determinada manera de abordar la capacitación y actualización de los docentes para las Instituciones de Educación Superior, a partir de la propuesta de intervención que he tenido oportunidad de aplicar en diferentes ámbitos institucionales, pero con el objetivo de contribuir en mejorar la calidad académica en cada una de ellas, este empeño se materializa por el esfuerzo de innovar y aportar una propuesta que nace de un intento simultáneo en la continua preparación y experiencia profesional que me obliga a reconsiderar los contenidos y prácticas en un programa consolidado de formación continua para los profesores insertos en el nivel de Educación Superior. Bibliografía:
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