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| Año III - Número 19 |
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¿Son un peligro las NTIC? Problemas socioeconómicos, políticos, culturales y éticos - Parte I - Escribe: Alexander López Padrón El autor es Graduado en Medicina
Veterinaria y Profesor de la Facultad de Medicina Veterinaria de la
Universidad Agraria de la Habana. |
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1. Introducción El
desarrollo científico y tecnológico es uno de los factores
más influyentes en la sociedad contemporánea. La globalización
mundial, polarizadora de la riqueza y el poder, sería impensable
sin el avance de las fuerzas productivas que la ciencia y la tecnología
han hecho posible. Sobre todo, a partir de los años sesenta
se han realizado diversos esfuerzos por integrar los estudios sociales
de la ciencia y la tecnología en una perspectiva interdisciplinaria
que recibe el nombre de Estudios en Ciencia, Tecnología y Sociedad
(CTS). Ya en estos años se acumulaban numerosas evidencias
de que el desarrollo científico y tecnológico podía
traer consecuencias negativas a la sociedad debido a su uso militar,
el impacto ecológico u otras vías. De esta forma, tomó
auge una preocupación ética y política en relación
con la ciencia y la tecnología, que marcó el carácter
de los estudios sobre ella. Debido a todo lo antes planteado se formó
una especie de consenso básico en el cual se enunciaba que,
si bien la ciencia y la tecnología nos proporcionan numerosos
y positivos beneficios, también traen consigo impactos negativos,
de los cuales algunos son imprevisibles, pero todos ellos reflejan
los valores, perspectivas y visiones de quienes están en condiciones
de tomar decisiones concernientes al conocimiento científico
y tecnológico (Cutclieffe,1990). El
impulso a los estudios en ciencia, tecnología y sociedad (CTS)
a partir de los años sesenta debe entenderse como una respuesta
a los desafíos sociales e intelectuales que se han hecho evidentes
en la segunda mitad de este siglo. La misión central de estos
estudios es exponer una interpretación de la ciencia y la tecnología
como procesos sociales, es decir, como complejas empresas en las que
los valores culturales, políticos y económicos ayudan
a configurar el proceso que, a su vez, incide sobre dichos valores
y sobre la sociedad que los mantiene (Cutclieffe,1990). Para
presentar la ciencia y la tecnología como procesos sociales,
es particularmente importante mostrar que ciencia y tecnología
son objetivo específico de estudio de muy variadas ciencias
sociales y humanas: filosofía, economía, sociología,
historia, antropología, ciencia política, gestión.
De esta forma, se puede ir abriendo poco a poco una ventana hacia
la complejidad de la temática, sin ánimo de abarcarla
pero sí de ponerla en evidencia. Para
entender los aspectos sociales del fenómeno científico
tecnológico, tanto por lo que respecta a sus condicionantes
como por lo que atañe a sus consecuencias, la concepción
CTS ha definido como objetivos centrales de su trabajo: la promoción
de la alfabetización científica, consolidando en los
jóvenes la vocación por el estudio de la ciencia y la
tecnología, así como el desarrollo de actitudes y prácticas
democráticas en cuestiones de importancia social relacionadas
con la innovación tecnológica o con la intervención
ambiental. Todo ello en función de aproximar la cultura humanista
y la cultura científico-tecnológica, para avanzar hacia
una visión más integrada de los problemas. Se
busca que ciencia y tecnología sean entendidas
como procesos sociales porque sólo así el estudiante
se sentirá interesado por el fenómeno científico
y tecnológico, y calibrará la existencia de campos de
influencia en los que podría llegar a participar. Por
otra parte, pero en el mismo sentido de revisión del papel
de la ciencia y la tecnología en la sociedad, se está
produciendo un cambio en el rol del estado que, a partir de formas
muy burocráticas y fuertemente vinculadas a al idea de existencia
de "un sector científico y tecnológico",
ha pasado a propiciar la construcción de un "Sistema
Nacional de Innovación". Dicho cambio define una tendencia
orientada a lograr una organización institucional que permita
aunar capacidades de diferentes instituciones, destinadas a hacer
posibles los procesos de innovación. La
revolución de las tecnologías de la información
y la comunicación ha tomado gran importancia dentro del desarrollo
social, ya que se encuentran aplicadas en casi todos los sectores
económicos y sociales. Además, globalización,
información, conocimiento y tecnologías
de la información son términos de uso frecuente
en el lenguaje cotidiano de los profesores universitarios, que están
pendientes de lo que acontece en el ámbito de la investigación
educativa y la docencia. Estos universitarios prefieren adaptarse
a los nuevos requerimientos tecnológicos, antes de que la obsolescencia
se los trague y los convierta en piezas de museo. 2. Desarrollo 2.I - Características de las NTIC en general Las
nuevas tecnologías de la información y la comunicación
toman cada día mayor auge e importancia en su aplicación
dentro de la sociedad en que vivimos. Hoy día ha cobrado gran
interés la aplicación de la televisión vía
satélite, video conferencias desde la mesa de trabajo, correo
electrónico, servicios de Internet, entre otras tecnologías
que constituyen nuevos canales de comunicación; o sea, tecnologías
que entran en los hogares y en las escuelas y que se utilizan para
potenciar los procesos de enseñanza y aprendizaje. En una sociedad
cada vez más parecida a la aldea global, las referencias bibliográficas
-aunque son una ayuda importante para el estudiante y el investigador-
no siempre son suficientes. En muchos casos tenemos que referirnos
a actas de Congresos o intervenciones orales no fácilmente
disponibles. Por el contrario, Internet, junto con medios más
tradicionales como el fax o el correo, han acercado a los especialistas
(Bartolomé, 1995). En
los primeros setenta años de este siglo, la producción
intelectual estaba en posesión de una élite formada
en el devenir del tiempo para la publicación, difusión
y conservación del conocimiento por medio del libro. En la
década de los ochenta se acentuó la diversificación
y la especialización de las publicaciones y se democratizaron
nuevas vías para la reproducción de documentos. Las
facilidades que brindan las nuevas tecnologías de la información
y la telemática para la reproducción y difusión
de documentos, aceleraron la hipercirculación de éstos
y permitieron la creación de un volumen apreciable de información
paralela a la de la industria editorial tradicional y de los servicios
bibliotecarios, que se transformaron en productos estructurados comerciales
de acuerdo a procesos, sistemas y conocimientos derivados de las tecnologías
de la información (Avila, et. al. , 1997). Los
cambios obsoletizaron rápidamente equipos y sistemas a velocidades
increíbles. La computación dio la magia del ámbito
virtual, para reemplazar átomos por bits. Ha sido el cambio
más violento desde la época de Gutemberg. La educación,
en opinión de Alfonso Orantes (1997), "Tiene tres retos:
un reto tecnológico, un reto pedagógico y un reto social.
Nunca antes el pasado había impedido, como ahora, nuestro progreso
como nación". La excesiva avalancha de información
que llega de diversos sitios del globo, obliga a analizarla a fin
de convertirla en conocimiento para después adquirir los niveles
de sabiduría. El manejo de tal volumen de información
obliga a cambiar los hábitos de lectura y revisión de
materiales disponibles. Las
tecnologías de la información permiten que cada estudiante
tenga la alternativa de planificar y ejecutar su propio estilo de
aprendizaje. Luego, en vez de descansar su proceso de aprendizaje
en libros de texto y clases magistrales, puede tomar como modelo otras
fuentes de información de mayor dinamismo para continuar aprendiendo
el resto de su vida. Lo importante es destacar que en esta situación,
el profesor, como facilitador o mediador del aprendizaje, ayudará
a sus participantes a tomar la mejor decisión ante tanta abundancia
de información disponible. El peligro existente, en opinión
de Miguel Casas Armengol (1997) en la ampliación de las nuevas
tecnologías, "es que puede tenderse a un consumismo
desenfrenado antes que a las necesidades y posibilidades de nuevas
formas educativas". La
educación tecnológica hoy debe responder a la realidad
de la tecnología en el mundo actual. Es importante -en el plano
educativo- evitar transmitir una imagen distorsionada o idealizada
de la naturaleza de la tecnología. Cada vez son más
numerosas las voces que, desde la literatura especializada, reclaman
una comprensión no reduccionista de la naturaleza de la tecnología.
Esta no puede seguir siendo entendida de un modo intelectualista o
artefactual, es decir, únicamente como un cuerpo de conocimiento
científico aplicado o como una colección de artefactos
y procesos técnicos. La tecnología no es una colección
de ideas o de máquinas sujetas a una evolución propia,
que se exprese en los términos objetivos del incremento de
eficiencia. Toda tecnología es lo que es en virtud de un contexto
social, definitorio, un contexto que incluye productores, usuarios,
afectados, interesados, etc. La innovación constituye, en principio,
la creación o adaptación de nuevos conocimientos y su
aplicación a un proceso productivo, con repercusión
y aceptación en el mercado (López y Valenti, 1999). Una
de las características más llamativas de las sociedades
modernas e innovadoras es el uso masivo, coordinado y, especialmente,
aplicado, de la creatividad. Pero la creatividad que necesitamos hoy
es bien distinta de la que caracterizó los desarrollos tecnológicos
del pasado. Hoy se necesita la creatividad de tipo colectiva o creatividad
organizada. La organizada permite integrar y canalizar los esfuerzos
individuales y aumentar el impacto de los resultados que de ella se
desprenden. Lamentablemente,
aún hoy es habitual encontrar una educación tecnológica
individualista y que descuida el aspecto creativo de los individuos,
mecanizando incluso el proceso de aprendizaje a través de la
asimilación memorística. La creatividad y la versatilidad
en la formación de especialistas es además necesaria
en la sociedad contemporánea, pues ésta requiere cada
vez más de "especialistas temporales", dado
el vertiginoso ritmo del cambio tecnológico actual y los breves
períodos de tiempo en los que hoy caducan los contenidos del
conocimiento. Cuando intentamos sistematizar los diseños metodológicos innovadores que se aplican en los nuevos canales, nos encontramos con tres dificultades:
La denominada superautopista de la información no es más que un conjunto de tecnologías contemporáneas que permiten la distribución electrónica de texto, video, datos y voz, que circulan a través de gigantescas redes telemáticas. La universidad virtual permite que el acto educativo no sólo ocurra en un ambiente cerrado de clase o campus, sino también que un estudiante pueda individualizar su aprendizaje utilizando las telecomunicaciones, cuestión que está modificando sustancialmente la educación superior. La universidad virtual es ya una realidad de este siglo; no hay que esperar el próximo (Miranda, 1996).
Tal
vez uno de los fenómenos más relevantes del mundo contemporáneo
es el inusitado valor que ha adquirido el saber, como condición
indispensable para el desarrollo de los pueblos. Según Toffler
(1994), vivimos en una sociedad del conocimiento, caracterizada porque
la base de la producción son los datos, las imágenes,
los símbolos, la ideología, los valores, la cultura,
la ciencia y la tecnología. El bien más preciado no
es la infraestructura, las máquinas y los equipos, sino las
capacidades de los individuos para adquirir, crear, distribuir y aplicar
creativa, responsable y críticamente (con sabiduría)
los conocimientos, en un contexto donde el veloz ritmo de la innovación
científica y tecnológica los hace rápidamente
obsoletos. No
son necesarias elucubraciones para comprender el desafío que
los anteriores planteamientos hacen a la educación en general.
El modelo educativo mundial entró en crisis y las naciones
más desarrolladas del planeta hacen esfuerzos, desde diversos
sectores, para mejorar cualitativamente los sistemas de formación
tanto de los niños y niñas como de los adultos; aún
de aquellos que ya han cursado los estudios formales básicos
o los profesionales y avanzados (Rodríguez, 1994). La
temática Ciencia, Tecnología y Sociedad se enfoca
desde la mirada genérica de la Educación en Tecnología
y no se enmarca específicamente en el esquema CTS, aunque debe
entenderse que, hablar de Educación en Tecnología, implica
relacionar -en el marco del contexto educativo- la ciencia, la tecnología
y las profundas implicaciones sociales de ambas, con las posibilidades
de un trabajo escolar integral y significativo para los estudiantes. Hoy,
cuando el deseo de contar con escuelas que brinden conocimientos y
comprensión a un gran número de estudiantes con capacidades
e intereses diversos, provenientes de medios culturales y familiares
distintos, choca con la realidad de las escuelas en los diferentes
lugares urbanos y rurales donde los maestros enseñan y los
alumnos aprenden como hace dos décadas; hoy, cuando los medios
tecnológicos traducidos en computadores, discos compactos,
multimedia, realidad virtual, telecomunicaciones, superautopistas
de información, la educación permanece fiel a su práctica
tradicional. Hoy, cuando se requiere una escuela informada, dinámica,
reflexiva, que posibilite la retención del conocimiento, la
comprensión del conocimiento y el uso sabio de éste
por parte de los estudiantes, la Educación en Tecnología
tiene mucho que decir. Una
de las funciones sociales más importantes de la educación
es la de dotar a las generaciones jóvenes del repertorio de
capacidades que les permitan desempeñarse con propiedad en
la sociedad productiva. Sin embargo, las profundas y vertiginosas
transformaciones sociales hacen que esta función de la educación
se haga extensiva a todos los individuos sin importar su edad. Una
educación para toda la vida con sus ventajas de flexibilidad,
diversidad y accesibilidad en el espacio y en el tiempo, que vaya
más allá de la distinción entre educación
básica y educación permanente y proporcione a los individuos
competencias de orden genérico adaptables a los cambios en
los entornos tanto productivos como cotidianos, es una de las llaves
del siglo XXI (UNESCO, 1996). El
mundo ha llegado a niveles de complejidad inimaginables y, con ello,
aparecen retos y desafíos jamás pensados. Para afrontar
estos retos y desafíos los individuos no sólo necesitarán
una base considerable de conocimientos significativos, sino tal vez,
lo más importante, una gran capacidad para aplicarlos convenientemente.
Los cambios son tan rápidos que ya no es posible, como en otros
tiempos, aprender lo suficiente en unos años de educación
formal para estar preparado para la vida. Se requiere una educación
a lo largo de toda la existencia; ésta "no es un ideal
lejano, sino una realidad que tiende cada vez más a materializarse
en el ámbito complejo de la educación, caracterizado
por un conjunto de mutaciones que hacen esta opción cada vez
más necesaria. Para organizar este proceso, hay que dejar de
considerar que las diversas formas de enseñanza y aprendizaje
son independientes y, en cierta manera imbricadas, si no concurrentes
y, en cambio, tratar de realzar el carácter complementario
de los ámbitos y los períodos de la educación
moderna" (UNESCO, 1996). Uno de los problemas más serios que afrontan tanto los jóvenes como las generaciones mayores tiene que ver con la organización mental requerida para comprender la complejidad y profundidad del mundo actual. Si reflexionamos sobre el hecho de que la mayor parte del conocimiento humano ha sido logrado en este siglo y, sobre todo, en los últimos treinta años, debemos considerar que la educación, en su lento proceso de adaptación, ha entrado en franca obsolescencia. La
supervivencia, en el marco de cambios tan severos, va a exigir capacidades
de adaptación, aprendizaje y aplicación de conocimientos
muy certeras y posibilitadoras. Perkins
(1985) distingue entre dos tipos de aprendizaje que no son excluyentes:
el de mantenimiento y el innovativo. El de mantenimiento fue suficiente
en el pasado para desempeñarse socialmente con éxito,
pero ya ha dejado de serlo. El innovativo es necesario para la supervivencia
a largo plazo. El
aprendizaje de mantenimiento, como su nombre indica, se centra
en la adquisición de perspectivas, reglas y métodos
fijos, habilidades concretas, destinadas todas ellas a hacer frente
a situaciones conocidas y constantes. Su fuerza radica en que acrecienta
nuestra capacidad para resolver problemas ya existentes. El aprendizaje
innovativo insta al sujeto a someter a examen las suposiciones más
arraigadas, a buscar nuevas perspectivas. Es un instrumento poderoso
ante situaciones de incertidumbre como las que vive la humanidad;
no rehuye los problemas, éstos son oportunidades para reforzar
el aprendizaje innovativo; es un aprendizaje para el cambio y la turbulencia. El
aprendizaje de mantenimiento es y seguirá siendo necesario,
pero es completamente insuficiente para afrontar los retos del mundo
convulsionado por la injusticia, la inequidad y la falta de respeto
por el medio ambiente y la vida. Hoy, más que nunca, el conocimiento
no tiene significado si no está dentro de un contexto. He aquí
el papel de la educación en general y el sentido particular
de hablar de la educación tecnológica como un aporte
más en la búsqueda de estos propósitos. El
término Educación en Tecnología es relativamente
nuevo y las concepciones respecto al mismo son confusas y diversas.
Hay que buscar su punto de partida en la educación técnica
y en la educación científica, más tradicionales
y añejas en los sistemas educativos. Sin embargo, aquí
conviene hacer una llamada de atención en cuanto a que la Educación
en Tecnología no es una mutación de la una o la
otra, no es la suma de la una con la otra, ni es una simple sustitución
de palabras. La
educación de carácter técnico tiene una existencia
centenaria en varias sociedades, con objetivos bien definidos: proporcionar
capacitación y habilidad para las artes y los oficios, con
un enfoque vocacional y una mirada local. Los jóvenes deben
prepararse para el desempeño de un oficio productivo dentro
de su entorno local, regional o nacional, siempre con la característica
ocupacional y de dominio de los artefactos y procesos de producción
en sus diversas modalidades. Estas modalidades van desde el ámbito
informal de tradición familiar (los padres enseñan a
sus hijos el oficio, las madres a sus hijas), hasta las instituciones
de formación profesional altamente organizadas y a las escuelas
técnicas con sus especialidades y talleres (Rodríguez,
1994). No
importa el grado de sofisticación organizacional o de infraestructura;
la educación técnica se apoya en el esquema de un docente
instructor dotado de un conocimiento y de habilidades desarrolladas
a lo largo del tiempo, que deben ser transferidas a los aprendices
de manera directa y claramente prescrita. En términos generales,
la premisa fundamental de la educación técnica es la
preparación de la gente para una actividad específica
del mundo laboral, con el fin de que pueda ganarse la vida. La
educación científica, por su parte -otro ingrediente
clave para la Educación en Tecnología-, también
tiene una larga tradición, pero muy diferente a la de la educación
técnica. A diferencia de ésta, su propósito radica
en que las personas desarrollen una comprensión de los fenómenos
de la naturaleza. Su tendencia se dirige a adquirir conceptos sobre
los principios y sobre los hechos de la ciencia, y no sobre los caminos
y métodos por los cuales se llegó a su descubrimiento. Mientras
la educación técnica se ha preocupado del uso eficiente
de los aparatos, del manejo de equipos y de la pericia en procedimientos,
la educación científica ha concentrado su atención
en los postulados teóricos y en su base empírica, es
decir, en lo que es y no tanto en el para qué. Desde
el punto de vista social, la educación científica ha
tenido un claro matiz elitista en la mayoría de los casos.
Ha formado parte de la educación académica clásica
de las clases altas. Por su parte, la educación técnica
ha estado reservada a la clase trabajadora, con un matiz de redención
de la pobreza y del desempleo. El
aprendizaje de la tecnología en la escuela ha sido, por lo
general, algo marginal, aislado y de baja categoría; son varios
los factores que han contribuido a esta marginalidad: en primer lugar,
la imagen social, que tradicionalmente la ha relacionado con la preparación
en oficios u ocupaciones específicos, de carácter vocacional
y con intenciones laborales en alguna rama de la producción;
en segundo lugar, la concepción de la tecnología como
aplicación de la ciencia, lo cual, a pesar de la gran cantidad
de evidencia empírica que refuta lo anterior, incide con fuerza
en la estructura del currículo escolar, en tercer lugar, la
visión cultural occidental, que subvalora la actividad práctica
y, pese a que la Educación en Tecnología implica una
relación teórico-práctica, la reflexión
sobre su importancia no ha tenido aún cabida en la escuela;
en cuarto lugar, la presencia de la informática y de las computadoras
en todos los ámbitos, tanto cotidianos como especializados,
ha originado una gran tendencia a considerar la Educación en
Tecnología como sinónimo de alfabetización en
computadoras o de aprendizaje de principios informáticos (Rodríguez,
1994). El
avance vertiginoso de la ciencia y la tecnología y su consecuente
impacto social, han cambiado las reglas del juego en cuanto al conocimiento
científico y tecnológico y a las formas de transmisión,
construcción o desarrollo de las mismas. Particularmente en la concepción teórica del modelo educativo actual, la conceptualización científico-tecnológica se expresa como un elemento determinante y componente fundamental para que, en la medida de su conocimiento, dominio y aplicación, se convierta en principio generador de independencia y soberanía. Paradójicamente, en la práctica y operatividad del modelo educativo, este elemento sólo se limita a ser uno más de sus componentes estructurales y, en algunas ocasiones, ni siquiera es digno de consideración en el diseño presupuestal de operación, sobre todo en la educación pública básica. El
desarrollo e incidencia de las nuevas tecnologías en el mundo
cultural actual, especialmente de aquellas que se vinculan a la Información
y comunicación, propicia y, a la vez, hace necesaria una reacción
que, desde el campo de la educación, provoque un reajuste en
las funciones que tanto los medios, como la educación tengan
que cumplir en la sociedad. La incorporación de estos nuevos instrumentos contribuye necesariamente a cambios estructurales de la propia institución escolar, los que -generalmente- son antecedentes inmediatos y condición para que la escuela pueda continuar cumpliendo su función y compromiso fundamental en la sociedad del mañana (Mora, 2000). Dentro
de la aplicación de las nuevas tecnologías a la educación,
ha tomado un gran auge en los momentos actuales el desarrollo de la
universidad a distancia, donde el individuo puede realizar sus estudios
sin tener que estar presente en un aula. En el aprendizaje abierto,
independientemente de la distancia o de si la enseñanza es
presencial, la toma de decisiones sobre el aprendizaje la lleva a
cabo el estudiante o los estudiantes mismos. Estas decisiones afectan
a todos los aspectos del aprendizaje (Lewis y Spencer, 1986): si se
realizará o no; qué aprendizaje (selección de
contenido o destreza); cómo (métodos, media, itinerario);
dónde aprender (lugar del aprendizaje); cuándo aprender
(comienzo y fin, ritmo); a quién recurrir para solicitar ayuda
(tutor, amigos, colegas, profesores, etc..); cómo será
la valoración del aprendizaje (y la naturaleza del feed-back
proporcionado); aprendizajes posteriores, etc. Para
llevar a cabo el aprendizaje abierto, los materiales didácticos
universitarios tienen que formar verdaderos paquetes didácticos
integrados por audio, video, diapositivas, textos y software. Estos
materiales deben ser diseñados para un doble uso: tanto los
estudiantes presenciales, como aquellos que no pueden estar físicamente
presentes, conseguirán el acceso al aprendizaje a través
de una variedad de medios y con la posibilidad de clases tutoriales
y entrevistas personales (Lewis, 1988). Pero
no sólo los medios didácticos se ven afectados por la
evolución tecnológica. La actual sociedad exige, ya,
nuevos objetivos a la educación, gran parte de los cuales caen
dentro del campo de actuación de la Universidad (Williams,
1988). Esta nueva perspectiva de la educación presenta los
siguientes objetivos:
La
universidad debe sensibilizarse respecto de estos nuevos retos y proporcionar
alternativas, algunas de las cuales consideramos que pueden desarrollarse
según modalidades de aprendizaje abierto. La versatilidad de los materiales que propugnábamos anteriormente nos ha conducido a diseñar programas educativos en los que se contempla el uso de las instalaciones de la universidad y la explotación de los sistemas de cable -ya sea televisión, teléfono, videotex, la televisión convencional o el satélite de difusión directa-. La
existencia de estas posibilidades no presupone que puedan -y deban-
explotarse inmediatamente. Se requiere, además, de la disponibilidad
tecnológica, un proceso de reflexión sobre nuestro caso.
Aunque puedan aportar valiosas ideas, no sirve trasplantar experiencias
foráneas. No caer en el espejismo tecnológico, requiere
un análisis previo de las ventajas que estos medios aportarán,
un proceso de investigación sobre la efectividad de sus posibles
aplicaciones y el diseño de suficientes programas instruccionales
que rentabilicen su explotación (Salinas y Sureda, 1992). Pero lo realmente necesario es abrir un proceso de discusión sobre el futuro de la enseñanza universitaria no convencional en nuestro país, de forma que, llegado el momento de plantear su introducción en aquellas situaciones didácticas que se consideran adecuadas, podamos tener los suficientes elementos de juicio basados en investigaciones y experiencias propias. Las
Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación
(NTIC) han tenido un gran impacto en la sociedad actual. Actualmente,
los países más ricos son aquellos que mayor conocimiento
manejan y a través de estas nuevas tecnologías se hace
circular gran cantidad de información que facilitan el conocimiento. Para
los primeros años del siglo XXI se prevé que la mayor
parte de los conocimientos estén registrados en cintas y discos
formando bases de datos automatizadas. La telemática, los sistemas
MULTI-MEDIA, la realidad virtual y los sistemas de redes son herramientas
que permiten manejar la información y, hoy en día, están
al alcance de la cultura humana. Tienen
la ventaja sobre los sistemas tradicionales de poner de forma instantánea,
al alcance de los usuarios, fondos de bibliotecas, universidades y
centros de investigaciones de todas partes, sin tener que moverse.
El tiempo y el dinero ahorrados son difíciles de cuantificar
pero ejercen un efecto multiplicador sobre la capacidad productiva. Dentro
de las nuevas tecnologías que han constituido algo nuevo en
la vida de las personas de nuestra sociedad, se encuentran las computadoras,
el escáner, la impresora Láser, la fotocopiadora, la
creación de Internet y de las nuevas tecnologías
aplicadas a ellas, como la Word Wide Web (www) y sus protocolos Telnet,
la transferencia de archivos y el correo electrónico. También
se puede hacer alusión a la digitalización de casi toda
la información, lo que facilita su publicación. Toda
esta sofisticación de la sociedad trae consigo que la forma
de vivir de las personas cambie, ya que -por ejemplo- el correo electrónico
sustituye las charlas y la escritura de cartas por correo postal;
por otra parte, las computadoras, las impresoras y las fotocopiadoras
están sustituyendo las imprentas tradicionales para la producción
de documentos. Por otro lado, la creación de Internet y las nuevas tecnologías aplicadas a ellas, como la Word Wide Web (www) y sus protocolos de Telnet han sustituido ya los archivos bibliotecarios de información ya que se puede acceder a través de estas nuevas técnicas a una mayor cantidad de información de forma rápida y de cualquier parte del mundo, sin tener que movernos de nuestra computadora. Dentro
de toda esta vorágine, nuestro país no se detiene y
ha comenzado un proyecto donde está tratando de aplicar todas
las nuevas tecnologías en las diferentes ramas de la sociedad
de forma tal que podamos estar a la par de el mundo desarrollado. Un
factor importante a tener en cuenta es que los Centros de Educación
Superior (CES), a pesar de las condiciones difíciles del país,
continúan desarrollándose en la Informática,
al igual que lo hacen casi todas las ramas económicas de la
nación. Por todo lo planteado, es importante seguir trabajando en la aplicación de las Nuevas Tecnologías de la Información en la sociedad en que vivimos de forma tal que preparemos a nuestros hombres para la vida.
4- Bibliografía - Avila F, Francisco. (1997). (favila@iamnet.com).
"Las Telecomunicaciones y la Globalización del Conocimiento
en Venezuela". Material de lectura para la discusión producido
para el foro educación - ciencia de Internet. Educacion@iamnet.com
También disponible en la dirección URL: http://www.geocities.com/Athens/Acropolis/6708
Maracaibo, Zulia, Venezuela. |
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