Año II - Número 14


El Niño y la Ciencia:
el contacto necesario con el entorno sociocultural


Escribe: Antonio Alanís Huerta

El autor es Doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Caen, Francia,
Profesor titular en el Centro de Actualización del Magisterio en Michoacán (CAMM) y
Coordinador General de la Comisión Estatal para la Planeación de la Educación Superior en Michoacán (COEPES)


     Existen diversas y variadas formas por las que el niño se relaciona con la ciencia; y el primer espacio donde entra en contacto es su propio hogar. Máxime si consideramos que el 95% de la población total del país tiene acceso a la radio y el 75% a la televisión. Es decir, que de los 96.4 millones de habitantes que registra el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI) en el año 2000, en México, cerca de 90 millones de habitantes ven lo que pasa en el país y en el mundo; es decir, se enteran tanto de la noticia más lejana y trivial como de los avances científicos y tecnológicos que han revolucionado la medicina, la cultura y los hábitos sociales del hombre. Comentario del autor en ocasión de la presentación de la ponencia sobre la influencia del contexto en los procesos de aprehensión de la lectura y la escritura, en el Congreso Mundial de Lectura Infantil celebrado en Valencia, España, del 6 al 8 de diciembre de 2000.

1. Las barreras culturales de los adultos frente a la tecnología

     Es indudable que en la actualidad los niños están más informados sobre lo que sucede en el mundo; posiblemente no estén enterados sobre los detalles, sobre las polémicas y las controversias relativas a las posiciones políticas e ideológicas de los grupos sociales. Puede afirmarse incluso que este contacto del niño con las aplicaciones de la ciencia es inevitable; necesario o no, pero inevitable.

     Los niños de hoy no tienen los prejuicios ideológicos que los adultos tenemos y padecemos frente a los materiales y equipos tecnológicos que nos rodean. Pues cuando estudiamos, nuestros maestros de filosofía y de sociología nos advertían que la tecnología, incluida la televisión y las computadoras (entonces incipientes) eran objetos ideologizantes, que atrofiaban el cerebro y obstaculizaban el desarrollo del pensamiento. Y quizás tenían razón, pues a ellos así se los enseñaron sus buenos maestros.

     Sin embargo, lo que no nos enseñaban nuestros maestros era que las tecnologías y las técnicas sólo son instrumentos para facilitar el desarrollo de procesos; pero que no son en sí mismas un fin omnipotente. Son sólo material de uso para servirnos y no por ese simple hecho caeremos presas de su maquiavélica maquinaria manipuladora.

     Pero cabe la reflexión de que ni nosotros ni nuestros maestros nacimos ni vivimos de cerca con la tecnología; incluso gran parte de nuestra generación, que se sitúa cronológicamente entre los treinta y los cincuenta años, empezó a tener contacto con las computadoras por necesidad a finales de los ochenta; y si bien este contacto se inició con desconfianza y poca capacitación, éste se fue estrechando en la medida en que nos pudimos comunicar mejor con la tecnología de vanguardia. Pero nuestros maestros, una gran mayoría, aún "le ponen la cruz" a las computadoras y -en general- a las nuevas tecnologías; y se inventan barreras ideológicas para protegerse de ellas. Es obvio que hay muy valiosas excepciones, pues todos hemos tenido un profesor modelo, siempre en la vanguardia científica. Aquí yo recuerdo con gran cariño y admiración a mi maestro del Doctorado, el Profesor Gaston Mialaret, quien aún con sus 82 años encima sigue activo dando cursos en Portugal, Francia, Grecia o en Canadá. Y en una plática de amigos que tuve con él en Paris el 13 de diciembre pasado me decía que tan pronto lo libere el cardiólogo, seguirá con sus actividades académicas que son su pasión y, seguramente, estará en Nathal (Río Grande do Norte) en Brasil, en el mes septiembre de este año, para presentar la Conferencia de apertura en el Congreso de nuestra Asociación Francófona de Investigadores Científicos en Ciencias de la Educación (AFIRSE).

2. El niño y la tecnología

     Es evidente que los niños citadinos actuales se "llevan mejor" con la tecnología y con la técnica, en comparación con sus padres; y también que los niños de hoy, principalmente los de las ciudades, aprenden más fácilmente los procesos técnicos para ingresar a la internet y para el juego electrónico de estrategias en tiempo real (ETR), que los códigos de la lecto-escritura y de la lectura de comprensión. Y aunque es probable que el dominio de los procesos técnicos de equipos de cómputo y de comunicación satelital le faciliten al niño el desarrollo de las capacidades de abstracción, en lo que se refiere a la formación científica se sigue requiriendo la lectura de un buen libro; su reporte de lectura de comprensión y el estímulo de la capacidad creadora a través de la exigencia de la escritura de resúmenes, síntesis analíticas, informes o composiciones literarias e incluso poéticas.

     Sin embargo, los niños de hoy nacieron y conviven de manera cotidiana y natural con la tecnología; por lo que para ellos, curiosamente, la tecnología no es "tecnología"; es herramienta de uso cotidiano. Quiero decir con esto que la barrera ideológica no existe y que, por lo tanto, usa la herramienta para su servicio; en tanto que a nosotros, sus padres, aún nuestros miedos ideológicos culturales nos impiden hacer uso de la tecnología como herramienta de trabajo y de comunicación; y -en alguna medida- nos distancia de nuestros hijos, pues no hablamos totalmente el lenguaje de su interés en la niñez o en la adolescencia.

     Tanto Wallon como Piaget y Vigotsky le otorgan al contexto del niño una capacidad de influencia determinante en la elaboración conceptual y en el desarrollo de su pensamiento. En tal sentido, podemos hablar de un contexto natural que está allí, que es un producto sociocultural; es el contexto común a todos los niños. Pero hay otro contexto que influye fuertemente en el desarrollo de la personalidad del niño; es el contexto familiar. El cual, incluso, puede ser construido de manera intencional; y no forzosamente se puede considerar como artificial. Ambos, el contexto externo, el natural del entorno social y el contexto interno, el familiar, se conjugan en la dirección de los factores y estímulos que norman en la etapa infantil, el desarrollo del pensamiento y la personalidad del sujeto; y quizás sea en esta etapa cuando recibimos más información contextual para "moldear" nuestra personalidad social; sin dejar de considerar que el contexto donde vivimos y donde nos desarrollamos socialmente, influye durante toda nuestra vida; y nos afecta en sentido positivo y negativo.

3. El niño y la ciencia

     En la etapa escolar infantil -comprendida entre los 4 y los 11 años- el niño se explica los fenómenos naturales de una manera sincrética; es decir, utiliza conceptos y códigos del sentido común, de la religión que profesa su familia y de lo que ha aprendido en la escuela, a su corta edad. Como ejemplo de este sincretismo infantil, enseguida se presentan las respuestas de los niños ante preguntas relacionadas con el sol .

     ¿Por qué sale el sol? Los niños de 4 años dicen que el sol sale porque tenemos frío; es decir, el sol tiene esa tarea; salir para calentarnos. O bien, dicen que el sol sale porque amanece y ya es de mañana; ya es de día. Aquí puede apreciarse que el niño identifica al sol con el día, y de manera incipiente ya maneja un concepto científico del ciclo del día y la noche. Por la noche, el sol se mete a su casa a dormir; básicamente el sol se considera como un ente animado que al cumplir su tarea de iluminar y calentar el día, se retira en la noche a dormir; aquí pensamiento mágico y científico se funden. Y en otro sentido, los niños de esta edad le atribuyen a Dios el hecho de que salga el sol; el sol es un ayudante de Dios, quien le manda para que nos dé luz y calor a los humanos y a los animales de la tierra.

     Los niños de 5 años dan respuestas similares a los de 4; pero los de 6 años dan respuestas más cortas y más concretas; el sol sale para darnos luz y para que podamos ver a nuestro alrededor; aquí el concepto del sol es de utilidad concreta.

     Ante la pregunta ¿qué beneficios recibes del sol?, los niños de 4 y de 5 años coinciden en señalar que el sol sirve para darnos calor, para darnos luz y para que no llueva. Aquí se asocia el sol con sequía y en contraposición a la lluvia; pues con la lluvia viene el frío, y el frío es desprotección, abandono y soledad. Y estos son factores que a los niños les afectan negativamente en el desarrollo de su personalidad. Pero, ante la pregunta ¿cómo es el sol?, el niño coincide en decir que es una bola amarilla y blanca. Sin embargo, en esta apreciación del sol, los niños de 4 y 5 años señalan que el sol tiene palitos amarillos, ojos, nariz, boca, pies, manos y zapatos.

     Como puede apreciarse, la imaginación y la creatividad infantil es una fuente inagotable de posibilidades para el estímulo del pensamiento científico; el cual necesariamente está ligado a la imaginación, pues no se puede ser creativo sin una dosis de pensamiento de niño. Dicho en otros términos, no se puede ser un verdadero científico sin recurrir a la historia familiar y a las experiencias infantiles con la ciencia y con el mundo que nos rodea.

     En el cuestionario se incluyó una pregunta sobre nociones de física; ¿por qué crees que no se cae el sol? Los niños de 4 a 5 años refieren que el sol no se cae porque está "pegado" en el cielo y porque Diosito lo cuida para que nos dé luz y calor. O bien, señalan que no se cae porque lo detiene el aire o simplemente porque allá vive, en el cielo.

     Como puede apreciarse, el concepto de suspensión en el aire se relaciona con la ley de la gravedad; el cual es un tema que puede explotarse en el jardín de niños; de igual manera, pueden desarrollarse los temas de la rotación y la traslación de la tierra o los conceptos de energía y de la luz.

4. El laboratorio y los niños: de la experimentación al aprendizaje

     En los programas vigentes de educación preescolar, en México, los temas científicos pueden abordarse a partir de los temas relacionados con la salud, el trabajo, el transporte, los medios de comunicación y el comercio. Pero es quizás el Rincón de Ciencias donde el niño tiene la posibilidad de acercarse y entrar en contacto con las bases científicas. Por lo que la educadora habrá de exclamar "¡Juguemos a la ciencia!" , diciéndoles a los niños "vamos a construir un laboratorio"; entonces ella les explicará para qué sirve un laboratorio, quiénes trabajan en él y qué se hace o se elabora en su interior.

     Veamos a continuación, cómo puede proceder la educadora para desarrollar el tema propuesto. Los propósitos son: construir un laboratorio (estimulando la imaginación y la cooperación entre los niños) y jugar en el laboratorio (invitando a los niños a integrarse con pequeñas tareas).

4.1. Construir un laboratorio

  • Discutir sobre qué es y para qué sirve un laboratorio.
  • Reunir diferentes objetos e instrumentos y seleccionar los que puedan servir como materiales de laboratorio (recipientes, espejos, lentes de aumento o lupas, globos, imanes, termómetros, popotes, brújulas, velas, resortes, ligas, báscula, maderas, metal, algodón, esponja, papel tornasol, sustancias inocuas como bicarbonato, azúcar, sal, vinagre, pinzas, alfileres, tijeras, etiquetas, etc.)

4.2. Jugar en el laboratorio (experimentar y hacer ciencia jugando)

     Manipular y actuar libremente sobre diferentes objetos, valiéndose del agua, el viento, la luz, temperatura, etc.; realizando experimentos como:

  • Sumergir diferentes objetos en el agua y observar si flotan, se disuelven, cambian de color, etc.
  • Observar y registrar hasta qué nivel sube el agua del recipiente según el tamaño y características del objeto.
  • Calentar agua a diferentes temperaturas y hacer mediciones en el termómetro.
  • Poner igual cantidad de agua en dos platos y colocar uno en la sombra (o tapado) y otro expuesto al sol y observar cuál se evapora primero.
  • Llenar hasta diversas alturas varios recipientes de cristal y sonarlos hasta producir diferentes sonidos.
  • Teñir agua con anilina y sumergir el tallo de una flor blanca o un apio, zanahoria, etc. y observar unos días después cómo se ha teñido el vegetal.
  • Reunir substancias ácidas (como vinagre, limón, jugos cítricos, leche agria) y alcalinos (como bicarbonato, jabón, amoniaco) y hacer la prueba del papel tornasol.
  • Pasar objetos de diferentes materiales como metales (plomo, aluminio, hierro, madera, vidrio, algodón, etc.)
  • Colocar objetos de diferentes pesos en ligas o resortes y medir la longitud del resorte antes y después (colgarlos de hilos de diferentes gruesos y resistencias).
  • Frotar algún objeto de plástico y observar qué objetos se adhieren a él (pedacitos de papel, algodón, plumas, etc.)
  • Impulsar soplando con un popote objetos de diferentes pesos, tamaños y formas (papeles, canicas, palitos redondos, dados, etc.)
  • Calentar un globo en la boca de una botella: calentar a baño María la botella y observar cómo se infla el globo al calentarse el aire en la botella.
  • Confeccionar juguetes impulsados por el viento y comprobar su funcionamiento (rehiletes, papalotes, barquitos, aviones, etc.)
  • Cambiar la polaridad de una brújula mediante un imán.
  • Tirar objetos de diferentes formas y tamaños, observar y "registrar" cuáles caen más rápido (pelotas, pedazos de madera, hojas de papel, plumas, etc.) Puede tirarse el mismo objeto dos veces colocado en distintas formas, por ejemplo: una hoja de papel extendida, doblada o estrujada.
  • Observar cómo se puede reflejar la luz del sol o de un foco mediante un espejo.
  • Observar y dibujar la imagen que se refleja en objetos planos (espejos) y curvos (cucharas), tanto cóncavos como convexos.
  • Elaborar y jugar con un caleidoscopio.
  • Jugar al teatro de sombras.
  • Producir un "arco iris" mediante un lente de aumento.
  • Ver a través de recipientes con agua cómo aumenta o se distancia la imagen.
  • Llenar un vaso con agua, introducir una cuchara y objeto alargado, observar el vaso lateralmente y dibujar cómo se percibe la imagen de la cuchara (como si estuviera cortada).
  • Realizar experimentos y observaciones sobre plantas, flores, semillas, insectos, etc.
  • Construir un reloj de sol.

5. Las reflexiones finales

     El gusto por la ciencia ha de entrar por medio del juego; así como ha entrado en contacto con la tecnología de manera natural desde su hogar, así el niño en la escuela ha de comenzar a estudiar los fenómenos físicos de su entorno por medio de una inducción cadenciosa y delicada; con sensibilidad plena y con curiosidad permanente.

     Así pues, enseñar las bases de la ciencia implica, además del conocimiento específico de la materia y del material, la necesidad de una actitud científica escudriñadora pero, principalmente, exige de los educadores infantiles una actitud positiva hacia la vida; por dos razones fundamentales: porque tienen en sus manos lo más preciado y precioso de nuestra sociedad, nuestros niños; y porque el mundo que nos rodea está hecho de seres vivos, de sucesos naturales que pueden explicarse y de situaciones que conjugan la naturaleza física y la humana. Y si los niños son la inteligencia más fresca, natural y creativa de nuestra sociedad, tratémosles con la deferencia que se merecen; con la sensibilidad y la ternura que su sola presencia nos motiva.


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