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| Número 2 - Diciembre 1999 |
Promesas Incumplidas:
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Nota del Editor: este artículo tiene dos años de antigüedad, pero ya es un clásico dentro del movimiento de crítica a la tecnificación rabiosa de la escuela norteamericana, no habiendo perdido vigencia a pesar del tiempo transcurrido. Por esa razón hemos querido reproducirlo aquí, gracias a la especial gentileza de su autor (Ed.). Cuando la ciber-historia de la era de la información sea finalmente escrita, el año 1997 será recordado como un punto de inflexión: fue cuando la gente comenzó a cuestionar algunas de las presunciones que afirman que las computadoras y la Internet son la cura universal para el sistema educativo. Ha habido una importante desconexión entre las promesas de la tecnología educativa y lo que realmente ha ocurrido en la mayoría de las aulas. Recientemente, un líder educativo nacional de primera línea, una revista muy respetada y un periódico muy influyente han investigado las computadoras en el aula y encontraron que los datos simplemente no están allí para sostener la afirmación que dice que las computadoras son la panacea que hemos estado esperando. En Julio, Samuel Sava, director ejecutivo de la Asociación Nacional de Directores de Escuelas Elementales brindó un reporte a sus miembros: "Si las computadoras marcan la diferencia (en las escuelas), todavía no se ha reflejado en la performance". Sava repitió su aviso ante una audiencia más amplia con un artículo en el New York Times (Septiembre 6, 1997, "Tal vez las computadoras no son la salvación de las escuelas") La revista Atlantic Monthly publicó una nota de tapa (Julio, 1997), basada en una investigación anual sobre las computadoras en el aula. El título: "El Engaño de las Computadoras", anticipa la conclusión. Su autor no es un académico de escritorio. Es el editor asociado del servicio on-line de Newsweek. Gana su sustento con las computadoras y la Internet, pero tiene una visión realista de lo que pueden hacer, tanto como sobre lo que no pueden. En Junio, el Los Angeles Times concluyó una mirada semestral a las experiencias de California del Sur con las computadoras en la clase y reportó, en el primero de dos artículos, "La Tecnología todavía es una Promesa, no la Panacea. Educación: las escuelas han invertido fuertemente, pero con pocos resultados académicos". En las semanas previas a la Navidad de 1997, otras dos publicaciones de primera línea abrieron interrogantes, con el New York Times informando que "la alta tecnología educativa está perdiendo su brillo" (Noviembre 30, 1997), y USA Today preguntó en una nota de tapa: "¿Ayudan a aprender las computadoras en el aula?" (Diciembre 17, 1997). Sobre el final del año, el LA Times declaró en una editorial: "Las computadoras no arreglarán a las escuelas", (Diciembre 28, 1997). Estas fuentes no están diciendo que el Emperador no tiene ropas. Sin embargo, ponen en severa duda el que esté bien vestido. Y se preguntan si realmente vale la pena gastar 100 mil millones de dólares para poner computadoras en las clases, y luego otros 35 mil millones al año para evitar que el sistema se vuelva obsoleto (un número de estudios técnicos e industriales informa que para mantener el equipamiento informático actualizado hace falta una inversión anual de entre un 30 y un 80 por ciento del precio original de compra). Pero un fabricante enfatizó este punto de una manera más impactante que nadie. En un reciente aviso de Hewlett Packard, el dibujo mostraba un iceberg con la parte sumergida etiquetada "los costos de mantenimiento". El texto decía: "cuando elija una PC para su compañía, recuerde la lección del Titanic". Lo mismo se aplica a la elección de un sistema informático para la escuela, o cuando hay que decidir qué porciones de ella no necesitan computadoras. Escepticismo y frugalidad: dos grandes virtudes norteamericanas Ya era hora que estas dos virtudes clave -escepticismo y frugalidad- jugaran su parte en la discusión sobre el rol de la tecnología en la escuela. Las voces que hablaron a través de estos artículos no son las primeras en proponer preguntas cruciales, pero son las más fuertes. En el pasado, visionarios como el co-fundador de Apple, Steve Jobs, hablando en la revista Wired (Febrero 1996), y el autor de Jurassic Park, Michael Crichton, han cuestionado públicamente la sensatez de creer ciegamente en el valor de las computadoras en el aula. Más cerca de donde trabajo, en el condado de Yolo, Gary Bloom, superintendente escolar del condado de San Benito, y Ruth Mikkelsen, directora de secundario del condado de Yuba, han dejado registro de su escepticismo. Muchos otros líderes escolares locales, en todo el estado, han comenzado a elevar sus voces para expresar dudas que, hasta ahora, habían sido mayormente silenciosas. Fe, Miedo, Exaltación y Esperanza Hasta hace poco, el impulso por saturar nuestras aulas con computadoras ha estado signado por la fe, el miedo, la exaltación y la esperanza. Fe en que las habilidades informáticas garantizan el éxito económico (sin considerar que nuestros competidores económicos usan muchas menos computadoras que nosotros, o que los programas de computadora son cada vez más a menudo escritos por mano de obra barata en el extranjero, y se lo recibe por e-mail en Seattle o en Silicon Valley). Miedo de perder el tren si no apuramos las decisiones. Exaltación en cada discurso que confunde logro educativo con compra de equipamiento, y fé ciega en que realmente hay una cura para nuestras calamidades educativas. "Capacitación informática" se ha vuelto una frase clave al definir los objetivos de las escuelas y los maestros. A medida que las computadoras se han vuelto más importantes en las profesiones y el trabajo, muchos norteamericanos han asumido que también debían ser importantes en el aula. Sin embargo, ahora encontramos datos perturbadores que, como mínimo, echan dudas sobre el postulado que afirma que las computadoras juegan un rol valioso en los primeros grados primarios. En 1996, en una investigación pionera, el periódico San José Mercury-News encomendó una comparación analítica de las evaluaciones escolares y la cantidad de tecnología informática en un conjunto de escuelas locales. No encontró beneficios demostrables, para la mayoría de los niños, que pudieran surgir del uso de las computadoras en la clase ("Las Computadoras en la Escuela: ¿Mejoran los Alumnos? La Alta Tecnología no siempre implica Altos Logros", Enero 14, 1996) Recordemos, ésto fue en Silicon Valley, ¡cuna y epicentro de la Revolución Informática! La evidencia favorable apunta a la secundaria -poco antes de que los estudiantes entren a la fuerza laboral- como un período en el cual se pueden adquirir habilidades informáticas de valor en el mercado. Hay también alguna evidencia de que los estudiantes que están en cierto modo aislados (geográfica, económicamente, o por discapacidad), podrían beneficiarse más que la mayoría de sus pares de la misma edad. El mejor maestro Una verdad básica en educación es que un niño debe primero ser simplemente "letrado" antes de ser "letrado en informática". Y que el mejor maestro siempre es una persona, no una máquina. Cualquiera que haya observado a los niños frente a un juego de video o que se haya conectado a la Web sabe cómo las computadoras pueden consumir nuestro tiempo. Los niños de California ya pasan menos horas en la escuela que el resto de sus compatriotas o que nuestros competidores económicos extranjeros. Debemos averiguar si el tiempo ocupado en las computadoras nos está rindiendo. ¿Cuál es superior como ambiente de aprendizaje: la realidad o la realidad virtual? En el mundo tridimensional real, los niños encuentran lo inesperado. En la pantalla bidimensional sólo pueden ver lo que los programadores han desarrollado para ellos. Muchos padres se preguntan si el uso temprano de las computadoras puede garantizar al niño un empleo de por vida. Todos nosotros hemos sido sacudidos por la recesión de los 90, por la eliminación de muchos empleos y por una generalizada incertidumbre acerca del futuro. ¿Qué padre preocupado no desearía inocular a sus hijos contra los avatares económicos? Nos dicen que la exposición temprana a las computadoras puede convertir a nuestros niños en "letrados en informática". Los padres ven software de "edutainment", configurado a semejanza con los bloques plásticos de construcción, camiones de juguete o Playmobil. Sin embargo, muchos de los que tenemos hijos nos damos cuenta instintivamente que la experiencia simulada de jugar con estas imágenes en la pantalla no duplica la realidad de aprender las sencillas habilidades motoras que demanda el manipular los objetos reales. Como padre que ha vivido las etapas pre-escolares de cuatro niños, puedo identificarme con el deseo de no pisar descalzo ningún Playmobil o golpearme un dedo del pie contra un camioncito de juguete. Pero eso no altera el hecho de que los jóvenes necesitan herramientas apropiadas para su desarrollo con las cuales crecer (en el hogar, en el preescolar y en la escuela). Podrían haber serias consecuencias para el desarrollo intelectual y emocional de un niño si él o ella son sometidos desde muy temprano a una presión inapropiada, a través de las computadoras, para acelerar su trabajo en el aula. Dejar las opciones abiertas Los educadores, los padres y quienes deciden las políticas pueden tomar mejores decisiones cuando reconocen el nivel de incertidumbre que rodea al concepto de la educación basada en computadoras. Esas decisiones deben fundarse en datos y análisis, no en el miedo o en la fe que parece caracterizar a la apresurada introducción de computadoras en el aula. Hasta que tengamos más información disponible, nuestra mejor elección sería dejar nuestras opciones abiertas. * Publicado por primera vez en
Thrust for Educational Leadership, revista de la Association of California School
Administrators, Febrero/Marzo, 1998 - © Copyright 1997 by William L. Rukeyser (all rights
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